Devocional Diario: Tengo gran alegría en hacer tu voluntad, oh mi...

“Tengo gran alegría en hacer tu voluntad, oh Dios mío; tu ley está en el fondo de mi corazón” (Salmos 40:8).

La devoción al Señor es, en su esencia, nada más que una inclinación sincera y una disposición constante para hacer aquello que sabemos que es agradable a Dios. Es seguir Sus mandamientos sin cuestionar, con un corazón dispuesto y sumiso. Este es el "espíritu voluntario" del que el salmista habló en Salmos 51:12, y es sobre este mismo espíritu que declara: "Correré por el camino de tus mandamientos, cuando ensanches mi corazón" (Salmos 119:32).

Mientras muchas personas buenas caminan en los caminos del Señor, los verdaderamente fieles corren en ellos, ansiosos por cumplir Su voluntad. Y, con el tiempo, esta disposición los hace casi volar, tal es la libertad y el placer que encuentran en obedecer. Es esta prisa por servir a Dios la que define la verdadera devoción. Ella trasciende el simple acto de hacer lo correcto; transforma la obediencia en una expresión de amor y alegría.

Ser verdaderamente devoto significa más que hacer la voluntad de Dios: significa hacerla con un corazón ligero y alegre. La obediencia llena de gratitud y entusiasmo refleja un espíritu que reconoce la bondad y la sabiduría del Señor en todo lo que Él ordena. Cuando nuestra devoción es así, no solo nos acerca a Dios, sino que también nos permite experimentar la libertad y la alegría que provienen de vivir en Su presencia. -Adaptado de Francisco de Sales. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, dame un corazón verdaderamente fiel, inclinado a hacer Tu voluntad con alegría y prontitud. Enséñame a obedecer con entusiasmo y amor, reconociendo Tu bondad y sabiduría en todo lo que ordenas. Que mi vida sea un reflejo de esa devoción sincera, transformando cada acto de obediencia en una alabanza a Ti.

Padre mío, hoy te pido que plantes en mi corazón el espíritu voluntario del que habló el salmista. Ayúdame a correr por el camino de Tus mandamientos con ligereza y gratitud, encontrando placer en cumplir Tu voluntad.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por la libertad y el placer que provienen de vivir en obediencia a Ti. Gracias por ser un Dios que nos llama a servir con corazones llenos de amor y gratitud. Que mi devoción a Ti esté siempre marcada por entusiasmo y alegría, reflejando Tu bondad en todo lo que hago. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley me lleva cada vez más cerca de Ti. Siento gran alegría al meditar en Tus hermosos mandamientos. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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