“En aquel día, el pueblo dirá: ¡Este es nuestro Dios! ¡Confiamos en él, y él nos salvó! ¡Este es el Señor, en quien confiamos; alegrémonos en su liberación!” (Isaías 25:9).
Levántate, oh hermano, y no cedas ni un centímetro del territorio ya conquistado. Aférrate firmemente a Dios, incluso ante los argumentos que intentan desviar tu fe. No permitas que la incredulidad, con su fuerza engañosa, te arranque de tu conexión con los vestidos del Señor y te arroje a la oscuridad total. Aférrate a Él con todo tu ser, sin importar las circunstancias.
Aférrate a Dios y a Su ley, pues son la brújula que orienta el camino hacia la vida eterna. Sus instrucciones no solo nos muestran cómo vivir, sino que nos guían a la comunión eterna con Él. No te dejes engañar por ideas que intentan minimizar el valor de los mandamientos divinos, pues ellos son el fundamento de una vida alineada con el propósito de Dios.
La fuerza de tu fe está en no soltar la mano de Dios, incluso en los momentos de mayor duda o prueba. Es al confiar en Sus leyes y caminar en obediencia que encontrarás seguridad, dirección y la certeza de que estás en el camino para vivir con el Padre y con el Hijo para siempre. -Adaptado de James Hinton. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, ayúdame a no ceder ante las dudas y los argumentos que intentan apartar mi fe en Ti. Enséñame a aferrarme firmemente a Ti y a Tu Palabra, confiando en que Tú eres la única guía segura para mi vida. Fortalece mi corazón para resistir la incredulidad y mantén mis pasos firmes en el camino que conduce a la comunión Contigo.
Padre mío, hoy te pido valor para sostener Tu mano con todas mis fuerzas, incluso cuando las circunstancias sean desafiantes. Dame discernimiento para no dejarme engañar por ideas que intentan desvalorizar Tu Ley, y ayúdame a caminar en obediencia, sabiendo que Tus instrucciones son mi brújula para la vida eterna. Que mi fe sea inquebrantable, anclada en Tu verdad.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por ser mi roca y mi refugio en tiempos de prueba. Que mi confianza en Ti crezca cada día, y que viva para glorificarte en todo, con seguridad y dirección en Tu voluntad. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley nunca me deja confundido. Meditar en Tus hermosos mandamientos es un gozo constante. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.
























