La advertencia del Creador en Edén fue clara: “El día que comas de él, ciertamente morirás”. Ese momento definió el destino de toda la humanidad. Y la única forma de demostrarle a Dios que no queremos la muerte eterna es haciendo lo contrario de lo que hicieron Adán y Eva, obedeciendo, no desobedeciendo. Ellos violaron un mandamiento; nosotros debemos procurar obedecerlos todos. Esa es la diferencia entre la vida y la condenación. No te engañes: el Padre solo envía a Jesús al gentil que sigue las mismas leyes que dio a Israel, el pueblo que apartó para Sí con un pacto eterno, sellado por la circuncisión. La salvación es individual. No sigas a la mayoría, obedece mientras estés vivo. | El extranjero que se une al Señor para servirle, convirtiéndose así en su siervo... y que se aferra firmemente a Mi pacto, Yo también lo llevaré a Mi monte santo. (Isaías 56:6-7) | laleydedios.org
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