Dios sabe que ninguna criatura humana puede obedecer perfectamente Sus leyes sin jamás pecar. Por esta razón, desde el Edén, pasando por el Sinaí y terminando en el Calvario, el sacrificio expiatorio es parte del plan para restaurar a la humanidad. La defensa de los seguidores de la doctrina del “favor inmerecido”, de que no es necesario obedecer las leyes del Antiguo Testamento porque nadie puede, es completamente infundada. La sangre del Cordero está reservada para quienes, aun procurando sinceramente seguir las leyes de Dios, caen y necesitan perdón. Ni una gota de la sangre de Cristo se aplicará a quienes ignoran descaradamente la Ley santa y eterna del Señor. | Has mandado que tus preceptos sean guardados con diligencia. (Salmo 119:4) | laleydedios.org
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