Devocional Diario: No améis al mundo ni las cosas que hay en el mundo. Si...

“No améis al mundo ni las cosas que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Juan 2:15).

Cuando nos alejamos del mundo y dejamos atrás sus distracciones, no somos abandonados a la desolación o al desamparo, ¡pues el Señor nos recibe con los brazos abiertos! Él nos espera, listo para llenar el vacío dejado por todo lo que hemos renunciado. Tan pronto como terminamos con las viejas compañías y deseos, comienza una nueva y gloriosa comunión. “No os dejaré huérfanos.” Aquello que perdemos es compensado por una ganancia infinita y eterna.

Renunciamos al “mundo” para ganar “las inescrutables riquezas de Cristo.” Y esas riquezas no son solo promesas futuras; el cielo comienza aquí y ahora, en el momento en que sacrificamos nuestra propia voluntad para hacer la voluntad de Dios. Cada decisión de obedecer al Señor, a pesar de las fuerzas del mal que intentan impedirnos, es un paso hacia la vida eterna y la plena comunión con Él.

Esta elección firme y valiente transforma nuestra vida. No es solo un intercambio de valores terrenales por espirituales; es una entrega total que trae paz, alegría y la presencia del cielo a nuestra alma. Cuando confiamos en el Señor y le obedecemos con fidelidad, encontramos una riqueza que el mundo jamás podría ofrecer: la alegría de vivir en la luz de Dios, ahora y para siempre. -Adaptado de John Jowett. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, te agradezco por ser el refugio que me acoge cuando decido dejar atrás las distracciones y los deseos de este mundo. Enséñame a confiar en que todo lo que renuncio es infinitamente compensado por Tu presencia y por la comunión Contigo. Que mi corazón esté siempre dispuesto a sacrificar mi propia voluntad para hacer la Tuya, sabiendo que en Ti encuentro plenitud y paz.

Padre mío, hoy te pido fuerza para resistir todo lo que intenta alejarme de Ti. Ayúdame a elegir Tu voluntad en cada decisión, incluso cuando eso requiera coraje y sacrificio. Que mi vida sea transformada por la alegría de obedecerte, reconociendo que el cielo comienza en el momento en que vivo en sumisión a Tu voluntad.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por ser la fuente de riquezas inescrutables que el mundo no puede ofrecer. Gracias por llenar el vacío dejado por aquello que dejo atrás y por conducirme a la luz de Tu presencia. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley nunca me deja confundido. Tus mandamientos son delicias a mi paladar. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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