Devocional Diario: Le respondió Simón: Maestro, hemos trabajado toda la noche...

“Le respondió Simón: Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero en tu palabra echaré las redes” (Lucas 5:5).

La obediencia sencilla a la Palabra de Dios es una virtud excelente. Fue por la Palabra de Dios que toda la creación fue activada. Según la Palabra de Dios, Pedro debía echar sus redes para pescar. Pescar es una ocupación común para quienes viven cerca del mar, pero cuando un hombre pesca bajo la dirección de Dios, se alinea con el universo y, como Pedro, cosechará una gran abundancia.

Así como un padre espera que su hijo escuche y obedezca sus palabras, también somos hijos de Dios cuando vivimos en obediencia a Su voluntad. Ante cada uno de nosotros está el gran mar de la vida, y todos somos pescadores en él. Pero lo que realmente importa no es el éxito o el fracaso ante los ojos humanos, sino si estamos viviendo nuestras vidas de acuerdo con las instrucciones de Dios, obedeciendo fielmente Sus santos mandamientos.

Cuando vivimos según la voluntad de Dios, nuestras acciones, por más simples que parezcan, se vuelven extraordinarias. No se trata de lo que hacemos, sino de cómo y para quién lo hacemos. La verdadera cuestión es: ¿Estoy viviendo en obediencia a la Palabra de Dios? Porque solo en esa obediencia encontramos propósito, dirección y una paz que trasciende cualquier resultado terrenal. -Adaptado de H. Stanton. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, te agradezco por Tu Palabra, que es viva y poderosa, guiándome en el camino que debo seguir. Enséñame a vivir en obediencia sencilla y fiel a Ti, confiando en que, incluso en las tareas más comunes, Tu guía transforma lo ordinario en algo extraordinario. Ayúdame a recordar que lo que realmente importa es hacer todo conforme a Tu voluntad.

Padre mío, hoy te pido que renueves mi disposición de seguir Tus instrucciones, incluso cuando no comprenda plenamente el camino por delante. Dame humildad para escuchar y valentía para obedecer, sabiendo que, al alinear mi vida con Tu Palabra, encuentro propósito y dirección.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por ser el Padre amoroso que nos guía con perfecta sabiduría. Gracias por recordarme que no se trata de hacer lo que yo quiero, sino de hacer todo por Ti y en obediencia a Tu voluntad. Que mi vida sea un testimonio de fidelidad a Tu Palabra, trayendo gloria a Tu nombre y paz a mi corazón. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley me mantiene firme. Oh, cuánto admiro Tus hermosos mandamientos. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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