Devocional Diario: Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras...

“Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras, y las pone en práctica es semejante a un hombre que, edificando una casa, cavó, ahondó y puso el fundamento sobre la roca” (Lucas 6:47-48).

Algunas vidas son tristemente superficiales; encuentran su mayor alegría en los sentidos y se ocupan enteramente de cosas triviales, como niños que juegan sin preocuparse por el significado más profundo de la existencia. No hay en ellas un pensamiento profundo, un sentimiento elevado ni un propósito verdadero. Esta dolorosa superficialidad es una de las marcas más evidentes de nuestra época, donde la seriedad, la reverencia y la dedicación están claramente en declive.

Cualquier cosa es mejor que gastar la vida persiguiendo novedades pasajeras y vacías. Es mucho más valioso ser como un árbol desolado, expuesto en la llanura, doblado por la tormenta y deshojado por el frío y el viento, si eso nos lleva a profundizar nuestras raíces y fortalecer nuestro carácter. Mejor eso que ser un arbusto verde por fuera, pero con raíces superficiales, incapaces de sostenerse ante los desafíos de la vida.

Si realmente queremos ascender con Jesús, necesitamos tomar en serio las instrucciones del Padre de Jesús, que son Sus mandamientos. Quien comprende el valor de la eternidad también comprende el valor de la obediencia. Seguir los mandamientos de Dios es más que un deber; es el único camino hacia una vida significativa y duradera, enraizada en lo que es eterno y no en las superficialidades de este mundo. -Adaptado de W. L. Watkinson. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, reconozco que, en un mundo lleno de superficialidades, es fácil ser atraído por cosas pasajeras que nada aportan al alma. Ayúdame a buscar una vida con raíces profundas en Ti, una vida que no sea solo apariencia, sino que refleje un carácter moldeado por Tu verdad y santidad. No quiero ser como aquellos que corren tras el vacío; quiero vivir con propósito y significado, enfocado en lo que es eterno.

Padre mío, hoy te pido que plantes mi corazón firmemente en Tus mandamientos. Dame la fuerza para enfrentar las tormentas de la vida con la confianza de que ellas me fortalecerán y me harán crecer. Que mi alegría no provenga de las distracciones del mundo, sino de Tu presencia y de las bendiciones de obedecer Tu Palabra. Enséñame a valorar lo que es duradero y a rechazar lo que es pasajero.

Oh, Señor eterno, te alabo porque Tu voluntad es perfecta y Tu verdad es inmutable. Gracias por darnos mandamientos que no solo nos guían, sino que nos arraigan en una vida que te agrada y refleja Tu amor. Ayúdame a vivir con reverencia y seriedad, caminando con Jesús y buscando siempre Tu gloria por encima de todo. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es para mí más valiosa que todos los tesoros del mundo. Tus mandamientos son como semillas plantadas en mi corazón, que florecen en alegrías constantes. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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