Devocional Diario: ¿Es así como le pagan al Señor, pueblo insensato e ignorante?...

“¿Es así como le pagan al Señor, pueblo insensato e ignorante? ¿No es él su Padre, su Creador, quien los hizo y los formó?” (Deuteronomio 32:6).

No fuimos nosotros quienes nos creamos a nosotros mismos, y esta realidad nos recuerda que no podemos ser soberanos sobre nosotros mismos. Somos propiedad de Dios, quien nos formó, nos redimió y nos regeneró por Su misericordia. A veces, especialmente en la juventud o en tiempos de prosperidad, puede parecer atractiva la idea de ser independientes, dueños de nuestras propias decisiones y señores de nuestro destino. Pero esa falsa independencia es solo una ilusión, que con el tiempo se desvanece. Descubrimos que la vida sin la dependencia de Dios no es natural, no nos sostiene en momentos de prueba y no nos conduce al propósito eterno.

Como criaturas, tenemos dos deberes fundamentales: gratitud y obediencia. Gratitud por haber recibido el don de la vida de las manos del Creador, que nos amó y nos llamó a la existencia. Y obediencia, porque solo al seguir los mandamientos de Dios encontramos el camino hacia la verdadera vida y paz. No se trata de restricción, sino de libertad genuina: libertad que viene de estar en el centro de la voluntad de Dios, viviendo como Él nos creó para vivir, en comunión con Él y en sumisión a Sus planes.

La obediencia es la llave que abre la puerta al destino más sublime que Dios ha preparado para nosotros: morar con Él en la eternidad, en la mansión celestial que Jesús prometió preparar. Es solo mediante la obediencia fiel que alcanzaremos esa meta gloriosa. Cuando elegimos seguir Sus mandamientos, no solo reconocemos Su soberanía, sino que también encontramos el gozo de vivir para el propósito que Él nos dio, experimentando un anticipo de la vida eterna que nos espera. -Adaptado de J. H. Newman. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, reconozco que no fui yo quien me creó, sino Tú, que en Tu bondad me formaste, redimiste y regeneraste. A veces, el mundo me seduce con la ilusión de independencia, pero sé que la verdadera seguridad y propósito solo se encuentran en Ti. Ayúdame a rechazar cualquier idea de autosuficiencia y a depender de Ti en todas las áreas de mi vida, confiando en Tu amor y Tu dirección.

Padre mío, hoy vengo ante Ti con gratitud por el precioso don de la vida y por Tu paciencia al guiarme. Enséñame a vivir en obediencia a Tus mandamientos, entendiendo que no son restricciones, sino caminos hacia la verdadera libertad. Que pueda vivir en el centro de Tu voluntad, en comunión Contigo y en sumisión a Tus planes, experimentando la paz y la alegría que solo Tú puedes dar.

Oh, Santísimo Dios, te alabo por preparar un destino eterno y glorioso para quienes te obedecen. Gracias por Tu promesa de moradas celestiales y por mostrarnos el camino hacia ellas por medio de Tu Palabra. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es la que me mantiene firme en Tus propósitos. Amo Tus mandamientos, pues son como la fuente de agua cristalina que purifica mi espíritu. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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