“El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él existe… no es servido por manos humanas, como si necesitara de algo; pues él mismo es quien a todos da vida, respiración y todo lo demás” (Hechos 17:24-25).
Dios, en Su perfección y plenitud, no necesitaba nada fuera de Sí mismo, pero eligió crear un mundo para Su gloria. En Su soberanía, Él podría haber realizado todos Sus propósitos solo, pero decidió obrar a través de Sus criaturas, incluyéndonos a nosotros, los seres humanos. Cada uno de nosotros fue creado con un propósito único, con un papel especial en el plan divino, diseñado por el propio Creador. Sea rico o pobre, conocido o anónimo, Dios nos conoce íntimamente y nos llama por nuestro nombre. Esta verdad es extraordinaria y nos llena de significado, pero también nos desafía a vivir en sumisión a lo que Él espera de nosotros.
Entender y cumplir los planes de Dios para nuestra vida comienza con la obediencia a lo que Él ya nos ha revelado. Sus Escrituras son claras: obedecer Sus mandamientos es el primer paso para descubrir nuestro propósito. Muchas veces, las personas buscan grandes revelaciones o direcciones específicas de Dios, pero descuidan lo que Él ya ha dejado registrado. Quien no es fiel en obedecer lo que ya conoce no estará preparado para recibir y vivir el plan único que Dios ha diseñado especialmente para él.
La obediencia es la llave que abre la puerta a la revelación divina. Cuando elegimos seguir los mandamientos de Dios, demostramos fidelidad, confianza y sumisión a Su voluntad. Es en ese camino de obediencia donde Dios revela Sus intenciones, guía nuestros pasos y nos capacita para vivir plenamente el propósito para el cual fuimos creados. En la fidelidad a lo que Él ya nos ha enseñado, encontramos el camino para una vida alineada con los consejos eternos de Dios y para el cumplimiento del papel único que Él nos ha confiado. -Adaptado de J. H. Newman. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, te agradezco por tu amorosa elección de crear este mundo y por incluirnos en tus planes divinos. Es extraordinario saber que, en tu perfección, decidiste obrar a través de nosotros, dando a cada uno de nosotros un propósito único. Ayúdame a comprender la profundidad de tu llamado y a vivir en sumisión a lo que esperas de mí, reconociendo que fui creado para tu gloria.
Padre mío, sé que entender tu plan para mi vida comienza con la obediencia a lo que ya has revelado en tu Palabra. Ayúdame a ser fiel en seguir tus mandamientos, incluso cuando busco respuestas específicas o direcciones futuras. Que mi fidelidad en lo que ya conozco abra el camino para que tu voluntad sea más claramente revelada y realizada en mi vida.
Oh, Santísimo Dios, te alabo porque la obediencia es la llave que nos acerca a ti y nos alinea con tus consejos eternos. Gracias por tu paciencia al guiar mis pasos y por capacitarme para vivir el propósito para el cual fui creado. Que mi vida sea una expresión de confianza, fidelidad y sumisión a tu voluntad, para que pueda cumplir con alegría el papel que me has confiado. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley no se aparta de mi mente. Estoy literalmente enamorado de tus mandamientos. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.
























