“Temed al Señor, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen” (Salmos 34:9).
Queridos, ¿realmente nos ayuda en algo estar constantemente preocupados por las cosas malas que pueden suceder en el futuro? Jesús nos enseñó a orar por el pan de cada día y dejar el mañana en Sus manos. No debemos juntar todos los días como si fueran un solo bloque, iguales y pesados. En cambio, demos a cada día su propia tarea, sin empujar nada hacia el futuro ni tomar prestados problemas que solo deben enfrentarse cuando lleguen. ¡Este cambio de perspectiva puede transformar nuestra manera de vivir!
Amigos, piensen en esto: cuando ponemos el enfoque en el hoy y confiamos el mañana a Dios, nos quitamos de encima ese peso de la ansiedad que no necesitamos cargar. ¡Es liberador! La mayor preocupación de todas, en el fondo, es ese alejamiento de Dios que ocurre cuando conocemos Sus leyes, pero damos la espalda. Pero aquí está la buena noticia: en el momento en que decidimos obedecer la poderosa Ley del Creador, incluso yendo contra la corriente, sucede algo hermoso. Nos acercamos a Él y pronto sentimos Su abrazo protector, que hace que las preocupaciones simplemente se evaporen.
Amados hermanos, no compliquen lo que es sencillo. Vivir un día a la vez, confiando en Dios, nos alivia y nos conecta con el Padre. Quien insiste en ignorar Sus leyes termina sintiéndose perdido, pero quien elige obedecer encuentra la verdadera paz. Así que hoy, entrega el ahora en las manos del Señor y deja que Él se encargue de lo que viene después. ¡Verán cómo el corazón se aligera y la vida adquiere un nuevo sabor! -Adaptado de J. D. Maurice. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, confieso que, muchas veces, junto todos los días en un gran peso, cargando ansiedades que no necesito enfrentar ahora, pero quiero aprender a dar a cada día su propia tarea. Te pido que me ayudes a cambiar mi mirada, viviendo el hoy con ligereza y dejando el futuro en Tus manos, para que mi vida sea transformada.
Padre mío, hoy te pido que me des un corazón que se enfoque en el ahora y confíe el mañana a Ti, quitando de mis hombros el peso de la ansiedad que me aleja de Tu abrazo protector. Enséñame que la mayor preocupación es el distanciamiento de Ti cuando conozco Tus mandamientos, pero doy la espalda, y guíame a obedecer Tu poderosa Ley, incluso contra la corriente, para que me acerque a Ti y sienta Tu paz que hace que las preocupaciones se evaporen. Te pido que me liberes para vivir un día a la vez en Tu presencia.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por prometer verdadera paz a los que confían en Ti y obedecen Tu voluntad, aliviando el corazón y dando nuevo sabor a la vida. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es la seguridad de mi hoy. Tus mandamientos son un soplo de ligereza contra las cargas de la vida. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.
























