Devocional Diario: El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi...

“El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador; mi Dios es mi peña, en quien me refugio. Él es mi escudo y el poder que me salva, mi torre alta” (Salmos 18:2).

Lo que vemos por ahí son solo sombras; la verdadera esencia está en lo que no se puede ver. Dios Padre e Hijo, el fundamento de nuestra fe, no aparecen ante los ojos, pero son reales y firmes. Imaginen un faro bien alto en medio del océano. Parece que flota sobre las olas, pero abajo hay una roca escondida, fuerte e inamovible, sosteniendo todo en su lugar. Incluso con tormentas rugiendo, yo dormiría tranquilo en ese faro, porque está anclado en la roca, mucho más seguro que cualquier edificio lujoso construido sobre la arena.

Mira, aquí está el secreto: cuando elegimos obedecer la poderosa Ley de Dios, Él nos planta en esa roca sólida. Es como si se convirtiera en nuestro hogar, un lugar de protección contra las flechas del enemigo. ¡Allí, las bendiciones no dejan de llegar! No importa cuánto golpeen las olas, estamos seguros, porque el fundamento es Él.

Amados hermanos, decidan hoy caminar con Dios con un corazón fiel. Él te coloca en esa roca indestructible, donde puedes descansar en paz. Las tormentas vienen, pero no te derriban. Es allí, firmados en Él, donde encontramos la seguridad y la alegría que el mundo nunca podrá entender. -Adaptado de William Guthrie. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, confieso que, a veces, me dejo engañar por las apariencias, buscando seguridad en lo pasajero, pero quiero dormir tranquilo en Tu presencia, anclado en Ti, más seguro que cualquier construcción en la arena incierta de esta vida. Te pido que me ayudes a ver más allá de lo visible, confiando en Tu fundamento inamovible.

Padre mío, hoy te pido que me des un corazón que elija obedecer Tu poderosa Ley, para que Tú me plantes en esa roca sólida, mi casa de protección contra los ataques del enemigo. Enséñame a vivir allí, donde las bendiciones fluyen sin cesar, seguro aun cuando las tormentas rugen a mi alrededor. Te pido que me guíes a esa seguridad, afirmándome en Ti, para que resista las olas con la paz que viene de Tu amor.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por colocarme en una roca indestructible, prometiendo seguridad y alegría a los que caminan Contigo con el corazón abierto, firmes en Tu voluntad. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es la razón de mi paz. No puedo dejar de pensar en Tus hermosos mandamientos. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



Compartir