"Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Hebreos 4:16).
Nada es más hermoso y útil que el ministerio de quien ya ha recorrido los caminos de la vida, aprendido sus lecciones en la escuela de la experiencia y ahora ayuda a los que vienen detrás. Jesús es el ejemplo perfecto de esto: Él vivió como nosotros, sintió hambre, cansancio, tentación e incluso abandono. Por haber pasado por todo esto en carne propia, hoy en el cielo Él entiende exactamente lo que estamos pasando y puede ofrecernos verdadera simpatía, fuerza real y dirección segura.
Pero para recibir plenamente esa ayuda que viene de Jesús, necesitamos alinearnos con los mandamientos del Padre. La Ley transmitida por los profetas que vinieron antes del Mesías y por el propio Mesías es simplemente espléndida y grandiosa. Obedecerla no es algo que podamos elegir o dejar de lado; es el camino que abre las puertas para las bendiciones, para la liberación y para ser enviados al Hijo en busca de perdón y salvación.
Así que decide hoy caminar en obediencia a los mandamientos del Creador. Cuando tomas esa postura, el Padre te bendice y te conduce directamente a Jesús, quien te recibe con los brazos abiertos, listo para fortalecerte y guiarte. Esta es la manera más segura y bendecida de vivir: obedeciendo al Padre y siendo acogido por el Hijo. Adaptado de J. R. Miller. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Padre querido, gracias porque Jesús no es un Salvador distante que solo observa desde lejos; Él vivió todo lo que yo vivo y hoy me entiende perfectamente. Ayúdame a valorar esta cercanía y a buscar en Él el consuelo y la orientación que tanto necesito.
Dame, Señor, valentía para seguir Tus caminos aun cuando sean difíciles, sabiduría para reconocer Tu voz en medio del ruido cotidiano y un corazón dispuesto a obedecer sin dudar.
Oh, Señor mi Dios, te agradezco porque Jesús pasó por las mismas luchas que yo enfrento, convirtiéndose en el compañero perfecto en mis debilidades. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es luz brillante que ilumina mis pasos. Tus mandamientos son fuente segura de vida y paz. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.
























