Devocional Diario: No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común...

“No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres” (1 Corintios 10:13).

Las tentaciones son más difíciles de vencer para la mente insegura, para aquel que aún no ha tomado la firme decisión de seguir los mandamientos de Dios exactamente como nos fueron dados. Así como un barco sin timón es sacudido y lanzado de un lado a otro por las olas del mar, una persona débil, desconectada de Dios, pierde la fuerza para resistir y fácilmente cae ante las diversas formas de tentación.

Debemos ser vigilantes, especialmente al inicio de la tentación, pues es en ese momento cuando el enemigo puede ser más fácilmente derrotado. Es cuando surge la primera insinuación del mal que necesitamos posicionarnos con firmeza. No debemos permitir que él entre en nuestra mente o corazón; debemos resistir a su primer llamado, cerrando la puerta con determinación y fe.

La fuerza para vencer las tentaciones viene de la comunión con Dios y de la obediencia a Sus mandamientos. Cuando decidimos, con convicción, vivir según la voluntad del Señor, nuestra alma encuentra la firmeza necesaria para resistir los ataques del enemigo. Una mente conectada a Dios, firme y decidida, se vuelve inquebrantable, pues es sostenida por el poder de Aquel que está por encima de todo y de todos. -Adaptado de Tomás de Kempis. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, te agradezco por ser mi fuerza y mi refugio en las horas de tentación. Reconozco que, sin Tu presencia y Tu Palabra, soy débil y fácilmente sacudido por las insinuaciones del enemigo. Ayúdame a estar vigilante desde el principio, cerrando la puerta al mal con determinación y fe, buscando siempre Tu orientación y protección.

Padre mío, hoy te pido que fortalezcas mi mente y mi corazón para que tome la firme decisión de vivir en obediencia a Tus mandamientos. Que mi comunión Contigo me sostenga en los momentos de debilidad, dándome la convicción necesaria para resistir las tentaciones. Hazme inquebrantable en la fe, para que no me deje llevar por las olas del mundo o por la voz del enemigo.

Oh, Santísimo Dios, te alabo por ser fiel y poderoso, sosteniendo a aquellos que te buscan con sinceridad. Gracias por recordarme que la victoria sobre el pecado está en vivir en Tu presencia y según Tu voluntad. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley me acompaña todo el tiempo y ha sido una amiga fiel. Tus mandamientos son como suaves melodías que calman mi alma y traen paz a mi corazón. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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