“Oh mi pueblo, confía en él en todo tiempo; derrama el corazón delante de él, porque Dios es nuestro refugio” (Salmos 62:8).
Muchos confían en Dios cuando todo está claro y luminoso ante ellos, pero no en la oscuridad. Confían cuando todo es favorable y tranquilo, sin oposición, persecución ni amargura, sino solo un camino suave por delante. Sin embargo, esto no es fe; es caminar por vista. Somos llamados a confiar en el Señor en todo momento, sea en el brillo del día o en la oscuridad de la noche. Dios no quiere hijos que no puedan ser probados, pues es en las pruebas donde nuestra fe se fortalece y nuestra confianza en Él se profundiza.
Recuerda que Dios tuvo un Hijo sin pecado, pero ninguno sin prueba. Si has decidido poner a Dios en primer lugar en tu vida, buscando obedecer Sus mandamientos, es seguro que enfrentarás oposición. El camino de la obediencia siempre atrae resistencia, pero puedes tener la certeza de que Dios jamás permitirá que enfrentes esas pruebas solo. Él estará a tu lado, sosteniéndote y fortaleciéndote en cada paso.
Las dificultades que surgen en el camino de quien sirve a Dios no son señales de abandono, sino de Su cuidado. Son oportunidades para demostrar que, incluso en las adversidades, nuestra fe es firme y nuestra obediencia es verdadera. -Adaptado de D. L. Moody. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, ayúdame a confiar en Ti no solo cuando el camino es claro y tranquilo, sino también cuando todo a mi alrededor parece incierto y desafiante. Enséñame a vivir por fe y no por vista, confiando en que Tu mano está siempre a mi lado, incluso en las pruebas más difíciles. Que vea cada obstáculo no como una señal de abandono, sino como una oportunidad de crecer en confianza y obediencia a Ti.
Padre mío, hoy te pido valentía para enfrentar las dificultades que surgen en el camino de la fidelidad a Tus mandamientos. Que no me deje abatir por la oposición o la resistencia, sino que encuentre fuerza en Tu presencia constante. Recuérdame que las pruebas son instrumentos de Tu cuidado, usados para fortalecer mi fe y moldear mi corazón según Tu voluntad.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por ser fiel en todas las circunstancias. Gracias por caminar conmigo, incluso en las tormentas, y por usar cada prueba para revelar Tu gracia y Tu fuerza. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es una guía confiable. Tus hermosos mandamientos alegran mis días. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.
























