“Los que conocen tu nombre confían en ti, porque tú, Señor, jamás abandonas a los que te buscan” (Salmos 9:10).
La agitación del mundo a nuestro alrededor intenta constantemente robar nuestra atención y alejarnos de lo que realmente importa. Pero existe una invitación divina para entrar por las puertas de nuestro propio corazón y permanecer allí. Es en ese lugar íntimo y silencioso donde logramos escuchar con claridad la dulce dirección de Dios para nuestras vidas. Cuando dejamos de buscar respuestas afuera y empezamos a buscar dentro, guiados por la presencia del Señor, nos damos cuenta de que Él siempre tuvo algo que mostrarnos: un camino, una elección, una entrega.
Y cuando Él nos muestra el camino, nos corresponde a nosotros dar los pasos correctos. Hay belleza y poder en seguir las orientaciones de nuestro Creador, orientaciones que Él ya ha revelado en Sus magníficos mandamientos. Al acoger Su voluntad en nuestro día a día, demostramos que nuestro corazón está enfocado en las cosas de arriba. No se trata de buscar experiencias emocionales, sino de vivir una vida basada en la obediencia que transforma, sostiene y honra a Aquel que nos formó.
Dios solo revela Sus planes a los obedientes. Cada nuevo día tenemos la oportunidad de ser guiados por Él con seguridad y propósito. Si deseamos llegar a Jesús y recibir todo lo que el Padre preparó para nosotros, es necesario caminar con sinceridad ante Su palabra. El Padre bendice y envía a los obedientes al Hijo para perdón y salvación. Elige obedecer y prepárate para ver las promesas del Señor cumplirse. -Adaptado de John Tauler. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Padre querido, ayúdame a silenciar las voces exteriores que intentan confundir mis pasos. Llévame a un lugar de paz interior donde pueda escuchar Tu voz con claridad y encontrar seguridad en Tus planes. Que mi alma aprenda a descansar en Ti.
Dame discernimiento para reconocer Tu voluntad en cada pequeña decisión de mi día. Enséñame a valorar los caminos que el Señor trazó desde el principio, pues sé que allí está el verdadero bien para mi vida. Que no camine por impulso, sino con firmeza y reverencia.
Oh, Señor amado, te agradezco por mostrarme que el secreto de la paz está en escuchar y seguir Tu voz. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es como un río de sabiduría que riega mi corazón. Tus mandamientos son senderos seguros que conducen mi alma a la vida. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.