Devocional Diario: Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que...

“Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados, y vengan así los tiempos de refrigerio por la presencia del Señor” (Hechos 3:19).

La memoria es un regalo dado por Dios — pero también será un testigo en el gran día. Muchos intentan olvidar los errores del pasado, enterrando lo que hicieron mal, como si el tiempo tuviera el poder de borrar. Pero si la sangre del Hijo de Dios no ha borrado esas marcas, llegará el momento en que el propio Dios dirá: “Acuérdate”, y todo volverá en un instante, con el peso y el dolor que antes intentamos ignorar.

No habrá necesidad de que alguien nos acuse — la propia conciencia hablará en voz alta. Y la única manera de encontrar verdadero descanso es obedecer la maravillosa Ley de Dios y permitir que Él nos conduzca hasta el Salvador. No es una obediencia superficial, sino una entrega real, que reconoce el peligro de la culpa y el valor inconmensurable del perdón que solo el Hijo puede conceder. El Padre no envía rebeldes al Hijo — Él envía a los que, tocados por la verdad, deciden andar en Sus sublimes caminos.

Hoy es el día de alinearse con los mandamientos del Señor y de preparar el corazón para estar delante de Él sin miedo, con el alma lavada y en paz. Que nuestra memoria, en el día señalado, no sea una acusación — sino un testimonio de una vida de obediencia y transformación. -Adaptado de D. L. Moody Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Mi Dios, Tú conoces todos mis caminos. No hay nada oculto a Tus ojos, y sé que un día todas las cosas saldrán a la luz. Enséñame a vivir con el corazón limpio delante de Ti, sin engañarme con excusas ni olvido.

Ayúdame a valorar cada oportunidad que tengo de obedecer y de andar en Tu camino. Que Tu Espíritu me muestre lo que necesita ser corregido y me dé fuerzas para seguir firme, con sinceridad y reverencia.

Oh, Padre fiel, Te agradezco por advertirme sobre el peso de la memoria y el valor del perdón. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el espejo que revela la verdad sobre quién soy. Tus mandamientos son el camino seguro para una conciencia en paz. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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