“Como a alguien a quien consuela su madre, así yo os consolaré; y en Jerusalén seréis consolados” (Isaías 66:13).
Hay momentos en que el corazón está tan cargado de dolor que todo lo que queremos es desahogarnos, explicar, llorar… Pero cuando Dios nos envuelve con Su presencia, algo más profundo sucede. Así como un niño olvida el dolor al ser acogido en los brazos de su madre, nosotros también olvidamos el motivo de la angustia cuando somos tomados por el dulce consuelo del Padre. Él no necesita, necesariamente, cambiar las circunstancias — basta con que Él esté allí, llenando cada espacio de nuestro ser con amor y seguridad.
Es en ese lugar de intimidad donde somos recordados de la importancia de seguir los magníficos caminos de Dios. Cuando obedecemos Su voz y guardamos Sus enseñanzas, abrimos espacio para que Él mismo venga a visitarnos con paz. La presencia del Padre no se mezcla con rebeldía — es en el corazón obediente donde Él hace morada, trayendo alivio en medio de las luchas.
Obedecer nos trae bendiciones, liberación y salvación. Si hoy tu corazón está inquieto o herido, corre a los brazos del Padre. No te aferres al problema — permite que Él tome el lugar del dolor y llene tu alma con la dulzura de Su presencia. -Adaptado de A. B. Simpson. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Padre querido, cuántas veces vengo a Ti con el corazón lleno de preguntas, y Tú me respondes solo con Tu amor. El Señor no necesita explicarlo todo — basta con que el Señor esté conmigo, y ya encuentro descanso.
Enséñame a confiar más en Tu presencia que en las soluciones que yo espero. Que nunca cambie Tu consuelo por la prisa de resolver las cosas a mi manera. Tu presencia basta, y Tu amor sana.
Oh, Señor amado, te agradezco por envolverme con Tu consuelo y recordarme que el Señor es suficiente. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el abrazo que alinea mi corazón a Tu voluntad. Tus mandamientos son suaves como el toque de una madre que consuela. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.