“Guíame por la senda de la justicia por amor de tu nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo” (Salmos 23:3–4).
Cuando elegimos vivir en obediencia y devoción, algo precioso comienza a crecer en nuestro corazón: una fe constante, silenciosa pero firme — que transforma la presencia de Dios en algo real, incluso cuando es invisible. Él se vuelve parte de todo. Y aun cuando el camino se vuelve difícil, lleno de sombras y dolores que nadie más ve, Él sigue allí, firme a nuestro lado, guiando cada paso con amor.
Este viaje no está hecho de facilidades. A veces, pasamos por angustias profundas, cansancios ocultos, dolores silenciosos que ni los más cercanos perciben. Pero quien sigue los hermosos mandamientos del Señor encuentra en ellos dirección, consuelo y fuerza. El Padre guía con ternura a los obedientes, y cuando nos desviamos, Él nos corrige con firmeza, pero siempre con amor. En todo, Su objetivo es el mismo: conducirnos al descanso eterno junto a Él.
El Padre no envía rebeldes al Hijo. Pero a los que se dejan guiar, incluso en medio del dolor, Él promete presencia, dirección y victoria. Que hoy te entregues de corazón al camino del Señor — pues, con Él, incluso las sendas más oscuras conducen a la luz. -Adaptado de Henry Edward Manning. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Señor mío, aun cuando el camino parece largo y solitario, confío en que estás conmigo. Tú ves mis luchas secretas, mis dolores callados, y en todo tienes un propósito de amor.
Dame un corazón manso y obediente, que sepa escucharte en la brisa suave o en el sonido firme de Tu corrección. Que nunca me pierda en mi voluntad, sino que me rinda a Tu dirección, sabiendo que Tu fin es siempre descanso y paz.
Oh, Dios amado, te agradezco por guiarme con tanto cuidado, incluso cuando no entiendo. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el cayado que me sostiene en los caminos difíciles. Tus mandamientos son el camino seguro que me lleva a Tu descanso. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.