“El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de verdes pastos me hace descansar, junto a aguas tranquilas me conduce” (Salmos 23:1-2).
¿Estás rodeado de necesidades en este momento, casi abrumado por dificultades, pruebas y emergencias? Sepa que todas estas situaciones son vasos provistos por Dios para que el Espíritu Santo los llene. Si comprendes correctamente el significado de estos desafíos, se transformarán en oportunidades para recibir nuevas bendiciones y liberaciones que, de otra manera, no podrían llegar.
Lleva esos vasos delante de Dios. Sosténlos firmemente en fe y oración. Deja de luchar con tus propias fuerzas y aquieta tu ser, permitiendo que Dios comience a actuar. Dios siempre actúa a favor de quienes se han rendido en obediencia a sus leyes. No hagas nada más allá de lo que Él mismo te ordene. Dale la oportunidad de obrar, y Él ciertamente actuará. Aquellos problemas que parecían listos para vencerte con desaliento y desastre se convertirán en oportunidades para la manifestación de la gracia y la gloria de Dios en tu vida, de maneras que nunca antes habías experimentado. -Adaptado de A. B. Simpson. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, ante las dificultades y pruebas que me rodean, ayúdame a ver más allá del peso de estos desafíos. Enséñame a verlos como vasos provistos por Ti, listos para ser llenados con Tus bendiciones y liberaciones. Que pueda traer cada uno de ellos delante de Ti en fe y oración.
Padre mío, hoy te pido que me ayudes a aquietar mi corazón y a confiar plenamente en Tu obrar. Líbrame de la tentación de intentar resolver todo con mis propias fuerzas y guíame a obedecer todo lo que Tú ordenes. Que tenga el valor de esperar pacientemente por Tu intervención, creyendo que transformarás los problemas que me rodean en testimonios de Tu bondad y poder.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por ser siempre fiel a quienes se rinden a Tus instrucciones. Gracias por las maneras sorprendentes en que actúas, trayendo luz a situaciones que parecían sombrías. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley ha sido una fuente de consuelo. Tus hermosos mandamientos nunca salen de mi mente. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.
























