Devocional Diario: No temerás el terror nocturno, ni la saeta que vuele de día...

“No temerás el terror nocturno, ni la saeta que vuele de día, ni la peste que acecha en las tinieblas, ni la mortandad que destruye a mediodía” (Salmos 91:5-6).

Él nos ha guardado y protegido de innumerables peligros, incluso cuando ni siquiera nos dábamos cuenta. En medio de nuestra aparente seguridad, podríamos haber perecido en cualquier momento, si no fuera porque Él nos resguardaba del “terror nocturno, ni la saeta que vuele de día”, y nos salvó de las trampas de nuestra propia voluntad corrompida. Nos protegió incluso de nosotros mismos, librándonos de nuestras propias decisiones destructivas.

Necesitamos ver las huellas de la mano de Dios en todos nuestros caminos, en cada evento, casualidad y cambio de este mundo convulso. Él está presente en cada detalle, envolviéndonos en seguridad y alimentándonos con Su provisión.

Reconozcamos Su fidelidad en cada momento de la vida, tanto en tiempos de calma como en los de desafío. Él es el pastor que nos conduce junto a aguas tranquilas y también nos acompaña en los desiertos más áridos. -Adaptado de Henry Edward Manning. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, te agradezco por tu protección constante, incluso cuando no percibo el peligro a mi alrededor. Reconozco que me guardas no solo de las amenazas visibles, sino también de los peligros invisibles y aun de las decisiones equivocadas a las que mi propia voluntad podría llevarme.

Padre mío, hoy te pido que me ayudes a ver las huellas de tu cuidado en cada detalle de mi vida. Que nunca ignore tu fidelidad, sino que vea tu presencia tanto en los días de tranquilidad como en los tiempos de dificultad. Fortalece mi confianza en tu provisión, ya sea cuando estoy en verdes pastos o atravesando tierras áridas, sabiendo que siempre estás conmigo.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por ser el Pastor perfecto que nunca abandona a sus ovejas. Gracias por tu mano firme y amorosa que guía mis pasos y me sostiene en cada estación de la vida. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley siempre está conmigo, manteniéndome en pie. Tus hermosos mandamientos son un placer constante. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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