Devocional Diario: "Bienaventurado el hombre que anda en la ley del Señor"...

"Bienaventurado el hombre que anda en la ley del Señor" (Salmos 119:1).

Mantener el corazón encendido es siempre más sencillo que intentar reavivar algo que se dejó apagar. Los hábitos saludables requieren menos esfuerzo cuando se preservan que cuando necesitan ser reconstruidos. Cuando se toma una decisión firme, esta comienza a moldear nuestros pensamientos, elecciones y actitudes. Con el tiempo, aquello que exigía disciplina pasa a fluir con naturalidad y alegría.

En este proceso, los firmes mandamientos del Creador asumen un papel central. La Ley de Dios enseña que la fidelidad constante fortalece el interior y crea estabilidad espiritual. Cuando alguien decide, sin reservas, permanecer fiel a la Ley de Dios, esa elección se transforma en una fuerza creciente. La obediencia continua produce firmeza, claridad y progreso real en el camino de la vida eterna.

Hoy, la decisión que mantienes es más importante que el esfuerzo que realizas. No sueltes aquello que ya fue establecido con convicción delante de Dios. Al perseverar en los luminosos mandamientos del Señor, tu caminar se vuelve más fuerte, más libre y más seguro. Así, la fidelidad diaria construye un camino sólido rumbo a la eternidad. Adaptado de A. B. Simpson. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Señor, deseo mantener encendida la llama de la fidelidad en mi vida. Ayúdame a no relajarme en las decisiones que ya he tomado delante de Ti. Quiero caminar con constancia y firmeza.

Dame disciplina para perseverar, fuerza para no desistir y claridad para proteger los buenos hábitos que he venido formando. Guarda mi corazón de la negligencia y la comodidad. Que mi obediencia sea firme todos los días.

Oh, amado Señor, te agradezco por llamarme a una vida de constancia y fidelidad. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es como un fuego vivo que calienta e ilumina el camino. Tus mandamientos son rieles firmes que conducen el alma con seguridad hasta el final. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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