Devocional Diario: "De gracia recibisteis, dad de gracia" (Mateo 10:8).

"De gracia recibisteis, dad de gracia" (Mateo 10:8).

Si Dios se nos ha revelado como Aquel que nos santifica, es para que podamos ayudar a otros a conocerlo como su Santificador. Si Él se ha convertido en nuestro Médico, es porque hay vidas enfermas y sufrientes a quienes podemos llevar bendiciones de sanidad. De la misma manera, si la esperanza de la venida del Señor se ha vuelto preciosa para nosotros, sería peor que ingratitud ocultar ese testimonio y guardarlo solo para nuestro consuelo personal.

Así como hemos recibido bendiciones al comenzar a obedecer Sus santos mandamientos, también debemos enseñar a otros a obedecerlos, para que ellos también puedan experimentar esas bendiciones. Dios no nos llama a guardar Sus promesas solo para nosotros mismos, sino a compartir esta verdad con aquellos que Él pone en nuestro camino, ayudándolos a encontrar la misma paz, esperanza y alegría que hemos recibido.

El mensaje de salvación nos fue dado, pero no exclusivamente para nosotros. Es un tesoro que debe ser compartido con todos a quienes el Señor nos envíe. Obedecer el llamado de Dios es más que vivir Su Palabra; es también transmitirla, para que otros puedan conocer la grandeza de Su amor y la fidelidad de Sus promesas. -Adaptado de A. B. Simpson. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, te agradezco por las bendiciones y revelaciones que has derramado sobre mi vida. Reconozco que todo lo que recibo de Ti no es solo para mi consuelo, sino para ser compartido con aquellos que pones en mi camino. Dame un corazón generoso y dispuesto a ayudar a otros a conocerte como su Santificador, Médico y Salvador.

Padre mío, hoy te pido que me capacites para transmitir Tu verdad con amor y valentía. Enséñame a compartir la esperanza, la paz y la alegría que encuentro al obedecer Tus mandamientos, para que otras vidas también sean transformadas por Tu bondad. Ayúdame a ser fiel en el testimonio de Tu grandeza, guiando a otros al camino de la obediencia y la comunión Contigo.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por ser un Padre que no solo nos bendice, sino que nos llama a ser canales de Tu bendición para el mundo. Gracias por confiarme el privilegio de compartir Tu Palabra. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley siempre me mantiene en sintonía contigo. No puedo saber cuál de Tus mandamientos me gusta más, pues todos son justos y amables. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



Compartir