"Salió sin saber a dónde iba" (Hebreos 11:8).
¿Alguna vez te has sentido como Abraham? Partiendo, dejando atrás lo que te era familiar, sin estar seguro de lo que vendrá después. Momentos así son desafiantes, pues no hay una explicación lógica que dar cuando alguien pregunta: "¿Qué pretendes hacer?" La verdad es que muchas veces no lo sabemos, pero confiamos en que Dios sí lo sabe. Y eso es suficiente. El caminar de la fe no se trata de tener un plan detallado, sino de tener la certeza de que Dios tiene un propósito perfecto y que nos guía con seguridad.
Por eso, siempre debemos revisar nuestra postura ante Dios. ¿Realmente estamos abandonándolo todo y confiando plenamente en Él? Nuestra confianza no puede estar en nuestro propio entendimiento o planes, sino en la guía que Él ya nos ha dado en Sus mandamientos. Dios nos ha dado leyes perfectas y, por ser perfectas, nunca nos llevarán por caminos equivocados. Obedecer Su voluntad significa caminar con seguridad, incluso cuando los detalles del futuro son desconocidos. La verdadera fe no exige que sepamos lo que está por venir; solo exige que confiemos en el Dios que nos está guiando.
Esa confianza nos mantiene continuamente maravillados, pues cada nuevo día es una nueva jornada de fe. Cuando dejamos de preocuparnos por las cosas que solíamos valorar antes de "salir", aprendemos a depender de Dios de manera genuina. Nuestra única responsabilidad es seguir obedientemente Su camino, sabiendo que Él va delante, guiándonos hacia la vida que ha sido preparada para quienes Le aman y siguen Su voluntad. -Adaptado de O. Chambers. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, es verdad que seguirte muchas veces significa partir sin saber a dónde voy, confiando solo en que Tú sabes el camino. Sé que la fe no se basa en planes humanos detallados, sino en la certeza de que Tú tienes un propósito perfecto y guías a quienes te obedecen. Quiero aprender a descansar en esta verdad, sin exigir explicaciones ni garantías visibles, sino confiando en que todo está seguro en Tus manos.
Padre mío, hoy te pido que fortalezcas mi corazón para que realmente abandone todo lo que me ata y confíe enteramente en Ti. Sé que Tu Palabra ya me ha revelado el camino correcto y que, al obedecer Tus mandamientos, nunca estaré perdido. Que mi fe no dependa de la lógica humana ni de la aprobación de los demás, sino que esté firmemente anclada en Tu voluntad. Enséñame a caminar con seguridad, incluso cuando los detalles del futuro me sean desconocidos.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo porque eres fiel en guiar a quienes eligen seguirte. Gracias porque el caminar de la fe no depende de mis certezas, sino de Tu fidelidad inmutable. Que mi vida sea un testimonio de total dependencia de Ti, para que, cada día, pueda confiar más, obedecer más y descansar en la certeza de que Tú me guías al destino que has preparado para los que te aman. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley me hace ver el camino recto y puro. Tus mandamientos llenan mi alma de paz. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.
























