“Y soñó Jacob: He aquí una escalera apoyada en la tierra, cuyo extremo tocaba el cielo; y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella” (Génesis 28:12).
Los ángeles de Dios subían y bajaban por la escalera que Jacob vio en su sueño, y esa visión es una bellísima semejanza con Cristo. Él mismo, siendo Dios y hombre, se convirtió en el mediador entre ambos, estableciendo la comunicación entre el cielo y la tierra. Él descendió en la encarnación y ascendió cuando fue recibido por Sus discípulos sufrientes en el monte de Betania. Cristo es ese puente vivo que une lo divino con lo humano, lo eterno con lo temporal.
La visión de Jacob también ofrece una representación vívida de la vida cristiana. ¿Qué es nuestra fe, sino esa comunicación continua con Dios? Como los ángeles en la escalera, nuestras oraciones y obediencia suben a Él, mientras que Sus bendiciones y bondad descienden sobre nosotros. Cuando demostramos nuestro amor por Dios a través de la obediencia a Sus mandamientos, esa escalera se vuelve firme, uniéndonos al Padre por medio del Hijo.
Esa conexión es un privilegio, una oportunidad que lamentablemente la mayoría rechaza. Al vivir en fidelidad a Dios, experimentamos la visión de Jacob. Es por medio de la obediencia al Padre que tenemos acceso a la escalera de Jacob, el Mesías de Dios, cuyo sacrificio lleva a todo aquel que cree y obedece a la vida eterna. -Adaptado de Henry Müller. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, te agradezco por Jesucristo, el puente vivo que nos une a Ti. Reconozco que, por medio de Él, tengo acceso directo a Tu presencia y a todas Tus bendiciones. Ayúdame a vivir en constante comunicación Contigo, elevando mis oraciones y obediencia, mientras recibo Tu bondad y dirección.
Padre mío, hoy te pido que fortalezcas mi fe para que nunca me aparte de esa conexión divina que Jesús hizo posible. Enséñame a obedecer Tus mandamientos con amor y devoción, afirmando esa "escalera" que me une al cielo. Que mi vida refleje la gratitud por este privilegio y el compromiso de vivir según Tu voluntad.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por enviar a Tu Hijo para ser el mediador entre el cielo y la tierra. Gracias por la oportunidad de estar tan cerca de Ti por medio de Cristo. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es una luz que ilumina mis pasos cada día. Tus hermosos mandamientos son delicias a mi paladar. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.