“Por eso, que todos los fieles te oren mientras puedas ser hallado; cuando las muchas aguas se levanten, no los alcanzarán” (Salmos 32:6).
Es una misericordia del Señor concederte suspiros de vida y clamores a Él contra todo lo que te oprime. Serás bienaventurado cuando Él llene tu alma con aquello que te inspiró a desear. No te inquietes si los problemas son muchos, si hay agitación, tormentas y ninguna señal visible de apoyo o paz. Simplemente permanece quieto, permítete hundirte en entrega, hasta que una esperanza secreta comience a surgir. Esa esperanza sostendrá tu corazón en medio de todo esto, hasta que el Señor traiga el consuelo que solo Él puede ofrecer.
Dios siempre cuida de Sus hijos obedientes, de aquellos que aman y confían en Sus mandamientos como guía para la vida. Incluso cuando el camino parece oculto y la dirección es incierta, Él sabe exactamente cómo traer alivio al viajero cansado. Ningún esfuerzo humano puede compararse con la dirección divina que viene cuando descansamos en la confianza de que Él está en control.
Mantente fiel, incluso cuando todo a tu alrededor parezca incierto. El Señor es especialista en transformar tormentas en calma y en abrir caminos donde no hay salida aparente. Él nunca abandona a quienes obedecen Su Palabra y confían plenamente en Su sabiduría. En el momento oportuno, encontrarás la paz y la fuerza que provienen únicamente de Su presencia fiel. -Adaptado de Isaac Penington. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, te agradezco por Tu misericordia, que me permite clamar a Ti incluso en los momentos más difíciles. Cuando enfrento tormentas y siento que no hay apoyo visible, ayúdame a permanecer quieto en Tu presencia y a confiar en Tu promesa. Que una esperanza secreta surja en mi corazón, sosteniéndome hasta que Tu paz y consuelo me alcancen.
Padre mío, hoy te pido que guíes mis pasos incluso cuando el camino parezca oculto. Ayúdame a descansar en Tu dirección divina, recordando que ningún esfuerzo humano se compara con Tu sabiduría y cuidado. Dame fuerza para obedecer Tu Palabra y valor para confiar en Ti, incluso cuando todo a mi alrededor parezca incierto.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por ser el Dios que transforma tormentas en calma. Gracias por nunca abandonar a los que confían en Ti y siguen Tus mandamientos. Que mi vida sea un reflejo de Tu paz y fuerza, y que siempre encuentre en Tu presencia la seguridad y el descanso que solo Tú puedes ofrecer. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es infalible para ponerme en el camino de la paz. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.