“perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no destruidos” (2 Corintios 4:9).
¿Cómo realizó Dios el milagro del Mar Rojo? Rodeando a Su pueblo por todos lados, de modo que no había salida, excepto el camino de Dios. Los egipcios estaban detrás de ellos, el mar al frente y las montañas alrededor. No había otra opción, excepto mirar hacia arriba. Alguien dijo una vez que el diablo puede rodearnos, pero no puede cubrirnos. Siempre podemos salir por arriba. Nuestras dificultades son solo desafíos de Dios, oportunidades para crecer y aprender a buscar en Él la solución perfecta.
Dios no exige nada imposible de nosotros para darnos Su protección continua contra el diablo y sus ángeles caídos. Solo pide que sigamos Sus instrucciones, Sus mandamientos. Cuando nos alineamos con Sus leyes, entramos en armonía con Dios, la mayor fuerza del universo. Y, en esa conexión, los ejércitos del mal no tienen poder contra nosotros, porque estamos bajo la autoridad y el cuidado del Todopoderoso.
Las situaciones que parecen no tener salida son, en realidad, invitaciones divinas para confiar completamente en el Señor. Así como Él abrió el Mar Rojo para Su pueblo, Dios abre caminos donde no existen, cuando seguimos Sus direcciones con fe y obediencia. No importa cuán rodeados podamos sentirnos, Dios siempre tiene un plan perfecto para guiarnos a la victoria. -Adaptado de A. B. Simpson. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, reconozco que, así como hiciste en el Mar Rojo, muchas veces permites que nos sintamos rodeados de dificultades para que podamos mirar hacia arriba y confiar plenamente en Ti. Gracias por ser siempre el camino, incluso cuando no podemos ver salida. Ayúdame a recordar que, en Ti, siempre hay esperanza y solución.
Padre mío, hoy te pido que me des el valor para seguir Tus direcciones con fe y obediencia, incluso cuando las circunstancias parezcan imposibles. Enséñame a escuchar Tu voz y a caminar en Tus caminos, confiando en que Tu protección y cuidado siempre son suficientes para sostenerme y guiarme a la victoria.
Oh, Santísimo Dios, te alabo por Tu fidelidad y poder incomparables. Tú eres el Dios que abre caminos donde no existen y que derrota a los ejércitos del mal con Tu fuerza suprema. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es mi muralla contra las huestes del mal. Tus mandamientos son como suaves melodías que calman mi alma y traen paz a mi corazón. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.