“Desde el lugar donde estás, mira al norte, al sur, al este y al oeste; porque toda la tierra que ves, te la daré a ti” (Génesis 13:14-15).
Todo lo que puedes ver con los ojos de la fe y de la obediencia te pertenece. Dios no pone límites a quienes confían en Él y siguen Sus caminos. Mira tan lejos como puedas, porque todo lo que Dios ha revelado como promesa para los que Le sirven es tuyo por derecho. Todo lo que deseas ser como cristiano y todo lo que anhelas hacer para Dios está dentro de las posibilidades de la fe y la obediencia. No hay barreras para quien se entrega completamente a la voluntad del Señor, pues Él mismo abre los caminos y concede fuerza para que podamos alcanzar aquello que ha sido preparado para nosotros.
Acércate más al Padre y permite que Su presencia transforme todo tu ser. Abre tu alma a la influencia del Espíritu Santo y recibe el bautismo de Su presencia. Cuanto más nos acercamos a Dios, más nos revela la plenitud de Su voluntad, mostrándonos que hay tesoros espirituales inconmensurables a disposición de quienes Le temen y Le obedecen. Cree que Dios tiene todo lo que necesitas y que, al andar según Sus mandamientos, experimentarás una vida abundante, llena del poder y del favor divino.
Acepta para ti mismo todas las promesas contenidas en la Palabra de Dios. No dudes en tomar posesión de los deseos que Él ha puesto en tu corazón, pues esos anhelos son señales de lo que Él desea realizar en tu vida. La obediencia a los mandamientos de Dios abre las puertas para bendiciones incontables en esta vida y, sobre todo, garantiza la mayor recompensa de todas: la vida eterna en Cristo. Quien cree y obedece al Señor jamás será decepcionado, pues Dios honra a quienes se rinden a Él de todo corazón. -Adaptado de Lettie B. Cowman. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, es verdad que todo lo que puedo ver con los ojos de la fe y la obediencia me pertenece, pues Tú no pones límites a quienes confían en Ti y siguen Tus caminos. Sé que Tus promesas son reales y que todo lo que has preparado para los que Te sirven está al alcance de quienes se entregan completamente a Tu voluntad.
Padre mío, hoy te pido que me acerques aún más a Ti, para que Tu presencia transforme todo mi ser. Quiero abrir mi alma para recibir la plenitud de Tu Espíritu y ser moldeado según Tu voluntad. Enséñame a vivir en obediencia a Tus mandamientos, pues sé que, al caminar en rectitud, experimentaré el cumplimiento de Tus promesas.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo porque Tus promesas son firmes y verdaderas, y nadie que confía en Ti será avergonzado. Gracias por permitirme tomar posesión de Tu Palabra y vivir según Tus principios, sabiendo que esto abre las puertas para bendiciones incontables en esta vida y, sobre todo, para la vida eterna en Cristo. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley tiene un lugar reservado en mi corazón. Tus mandamientos son como jardines floridos que perfuman y embellecen mi existencia. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.