“Y echaron mano de cierto Simón... y sobre él pusieron la cruz” (Lucas 23:26).
Obedecer a Dios muchas veces cuesta más a otras personas que a nosotros mismos, y es precisamente ahí donde surge el sufrimiento. Si estamos verdaderamente enamorados del Señor, la obediencia no será una carga, sino un placer. El verdadero costo no recae sobre nosotros, sino sobre aquellos que no aman a Dios, porque nuestra fidelidad inevitablemente interfiere en los planes de quienes viven sin considerar la voluntad divina. Y cuando esto sucede, surgen las críticas: "¿Llamas a esto cristianismo?" El mundo no entiende la obediencia a Dios, porque está acostumbrado a una fe superficial, sin renuncia y sin un compromiso real con la verdad.
La parálisis en la vida espiritual ocurre cuando comenzamos a temer la incomodidad que nuestra obediencia puede causar a los demás. Pero no hay manera de obedecer a Dios sin causar impacto a nuestro alrededor. La obediencia activa los propósitos divinos en el mundo, y esto inevitablemente mueve las estructuras humanas. Si decimos: "No quiero hacer sufrir a nadie", en realidad estamos poniendo un límite inaceptable a Dios, pues estaremos priorizando la voluntad de las personas sobre la voluntad del Señor. Y el resultado de esto siempre será la desobediencia.
Nuestro papel no es calcular las consecuencias de nuestra obediencia, sino confiar en que Dios cuidará de aquellos que sean afectados por ella. Él sabe cómo actuar en cada situación. Debemos simplemente obedecer y dejar todas las consecuencias en Sus manos. Cuidado con la tentación de intentar dictarle a Dios hasta dónde estás dispuesto a ir. El siervo fiel no impone condiciones al Señor, sino que simplemente sigue, sabiendo que la obediencia siempre resulta en bendición, sea ahora o en la eternidad. -Adaptado de O. Chambers. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, es verdad que la obediencia a Ti no siempre es comprendida por quienes nos rodean, y muchas veces el sufrimiento no viene del costo personal, sino de la reacción de quienes no entienden Tus caminos. Sé que seguirte de todo corazón puede generar críticas y oposición, pero no quiero permitir que el miedo al rechazo me paralice. Enséñame a amarte por encima de todo, para que mi fidelidad nunca sea comprometida por el deseo de agradar a los hombres.
Padre mío, hoy te pido valor para obedecer tus poderosos mandamientos sin reservas, sin calcular las consecuencias ni temer los impactos que mi fidelidad pueda causar. Sé que eres Tú quien sostiene todas las cosas y que no necesito intentar controlar lo que sucederá a mi alrededor. Quiero confiar en que, si mi obediencia genera resistencia, Tú estarás conmigo, fortaleciéndome y conduciendo todas las situaciones según Tu voluntad. Que jamás ponga límites a lo que estoy dispuesto a entregarte, sino que siga con determinación, sabiendo que obedecerte siempre traerá frutos eternos.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo porque eres fiel para cuidar de todo cuando elegimos seguir Tu voluntad. Gracias porque no nos dejas solos cuando enfrentamos oposición, sino que nos sostienes con Tu fuerza. Que mi vida sea un testimonio de fidelidad incondicional, para que nunca dude en obedecerte, independientemente del costo. Sé que toda obediencia resulta en bendición y que estar en Tu presencia vale más que cualquier aprobación humana. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es mi amiga constante. Encuentro en Tus mandamientos la fuerza y el valor para enfrentar los desafíos diarios. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.