“Pues él sacia al sediento y colma de cosas buenas al hambriento” (Salmos 107:9).
Dios, en Su infinita sabiduría y bondad, usa incluso las situaciones más comunes de la vida para ampliar nuestra capacidad de alegrarnos en Su amor, si así se lo permitimos. Y aquí, “permitir” no significa que el Creador dependa de la autorización de Sus criaturas, sino que Él honra al corazón que desea agradarle, que reconoce quién es Él y comprende que todas las bendiciones que realmente importan solo pueden recibirse cuando elegimos vivir conforme a Su voluntad. Dios actúa con poder, pero también respeta la decisión del alma que elige o rechaza la obediencia.
Piensa bien en esto: todos queremos ser bendecidos. Todos deseamos paz, dirección, provisión, alegría. Pero no todos son bendecidos, y no es porque Dios sea parcial, sino porque muchos no están dispuestos a sacrificar sus deseos egoístas. Muchos prefieren seguir sus propios deseos, aunque eso signifique vivir en desobediencia a la poderosa Ley de Dios. ¿Y cómo bendeciría el Señor a alguien que elige conscientemente vivir en oposición a Su voluntad perfecta y santa?
La verdad es simple y directa: Dios no tiene ningún incentivo para derramar bendiciones sobre un corazón rebelde. Sus promesas son para los fieles, para los que verdaderamente lo aman, y amar a Dios es obedecer Sus mandamientos. Entonces, ¿por qué resistirse? ¿Por qué no someterse con humildad al Creador y comenzar a vivir en plena obediencia a Sus maravillosos mandamientos? En Él hay vida, paz y abundancia. La bendición está disponible, pero solo en el camino de la obediencia. -Edward B. Pusey. Hasta mañana, si el Señor lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, te agradezco porque, en Tu sabiduría y bondad, usas incluso las situaciones más sencillas de la vida para enseñarme a alegrarme en Tu amor. Tú no dependes de mi permiso para actuar, pero honras al corazón que desea agradarte, que te reconoce como Señor y comprende que las verdaderas bendiciones solo vienen cuando elegimos vivir conforme a Tu voluntad. Gracias por ser tan paciente conmigo y por mostrarme que cada momento puede ser un peldaño hacia la plenitud, si decido obedecer.
Padre mío, hoy te pido que quites de mí todo deseo egoísta que me aleja de Tu voluntad. Ayúdame a no buscar Tus bendiciones mientras resisto Tus mandamientos. Dame un espíritu humilde, dispuesto a sacrificar mis deseos para vivir en plena obediencia a Tu poderosa Ley. Sé que el Señor no derrama Su bendición sobre la rebeldía, sino sobre quienes verdaderamente te aman, y quiero ser contado entre ellos. Enséñame a amarte obedeciendo, incluso cuando eso exija renuncia.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo porque en Ti hay vida, paz y abundancia para todos los que te siguen con sinceridad. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es como un camino firme que conduce al lugar donde se cumplen las promesas. Tus mandamientos son como llaves que abren los tesoros de la paz, la dirección y la verdadera alegría. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.