“¿Quién subirá al monte del Señor? ¿O quién estará en Su lugar santo? Aquel que es limpio de manos y puro de corazón” (Salmos 24:3–4).
El cielo no es un lugar al que se entra por casualidad o por conveniencia. Es un hogar preparado por Dios, reservado para aquellos que realmente Le aman — y que han sido amados y transformados por Él. Las moradas celestiales no se entregan a corazones indiferentes, sino a aquellos que, aún aquí, han aprendido a alegrarse con las cosas de lo alto. El Señor prepara el cielo, pero también prepara el corazón de quien va a habitarlo, moldeando el alma para que desee, anhele y se deleite en lo que es eterno.
Esa preparación ocurre cuando, obedeciendo los sublimes mandamientos del Padre, pasamos a amar lo que Él ama. La mente se vuelve más noble, el corazón más ligero, y el alma comienza a respirar la atmósfera santa como si ya estuviera allí. Esta verdadera espiritualidad no es algo forzado — nace de la obediencia diaria, del deseo sincero de agradar al Padre, y del abandono de lo que es terrenal y vacío.
El Padre bendice y envía a los obedientes al Hijo para perdón y salvación. Y son estos, ya moldeados por dentro, quienes habitarán en las moradas eternas con alegría. Que tu alma se prepare aquí, para que esté lista para el hogar que el Señor ha separado. -Adaptado de J.C. Philpot. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Padre santo, prepara mi corazón para habitar Contigo. No quiero solo saber sobre el cielo — quiero desear el cielo, vivir para el cielo, ser moldeado para el cielo. Enséñame a amar lo que es eterno.
Que Tu presencia me transforme de adentro hacia afuera, y que encuentre placer en las cosas de lo alto. Aparta de mí todo lo que me ata al mundo y lléname con la dulzura de Tu santidad.
Oh, mi Dios amado, Te agradezco por preparar tanto el cielo como mi corazón. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el molde que me afina al ambiente celestial. Tus mandamientos son como brisas puras que me elevan a Tu presencia. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.