No hay santificación sin obediencia a la Ley de Dios. Una persona puede renunciar al mundo y apartarse de todo, pero si conscientemente no sigue las leyes que Dios nos dio en el Antiguo Testamento, su búsqueda de santidad será en vano. La obediencia a las leyes santas y eternas es el fundamento de la relación con Dios; sin este fundamento sólido, nada se sostiene, todo es una ilusión. Sin embargo, cuando este individuo comienza a obedecer, abre la puerta al Trono de Dios, y el Señor lo guía, lo bendice y lo envía al Hijo para recibir perdón y salvación. La salvación es individual. No sigas a la mayoría solo porque son muchos. ¡El fin ya ha llegado! Obedece la Ley de Dios mientras estés vivo. | El Señor guía con amor inagotable y fidelidad a todos los que guardan su pacto y obedecen sus mandamientos. (Salmo 25:10) | laleydedios.org
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