Cada noche, al acostarse, el siervo bueno y fiel descansa con un corazón en paz. Da gracias por otro día vivido bajo la protección del Altísimo, pero su mayor alegría es saber que está un día más cerca del cielo. Su anhelo no es por cosas terrenales, sino por la presencia de Dios. Esta paz proviene de la obediencia, de la certeza de haber hecho todo lo que el Creador mandó. Vive como vivieron los apóstoles y discípulos, obedeciendo fielmente todos los mandamientos revelados por Dios en el Antiguo Testamento y por Jesús en los cuatro Evangelios. El siervo fiel no teme al futuro, pues medita en la Ley del Señor día y noche. La salvación es individual. No sigas a la mayoría, obedece mientras estés vivo. | Bienaventurado el hombre que no anda en consejo de malos... Sino que en la ley del Señor está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Salmo 1:1-2 | laleydedios.org
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