"El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho; y el que es injusto en lo poco, también es injusto en lo mucho" (Lucas 16:10).
Nada es pequeño o insignificante cuando viene de las manos de Dios. Aquello que Él pide, por más pequeño que nos parezca, se vuelve grande — porque grande es Aquel que lo ordena. La conciencia despertada por la voz del Señor no puede ser ignorada. Cuando sabemos que Dios nos llama a algo, no nos corresponde medir su importancia, sino simplemente obedecer con humildad.
Es precisamente ahí donde la obediencia a la magnífica Ley de Dios adquiere su belleza. Cada mandamiento, cada instrucción revelada en las Escrituras, es una oportunidad de ser hallados fieles. Incluso aquello que el mundo desprecia —el detalle, el gesto discreto, el cuidado diario— puede convertirse en fuente de bendición si se cumple con fidelidad. Los sublimes mandamientos de nuestro Creador no dependen de nuestro juicio: tienen valor eterno.
Si elegimos obedecer con valentía y alegría, el Señor cuidará del resto. Él dará fuerzas para los grandes desafíos cuando nos encuentre fieles en las tareas sencillas. Que hoy seamos hallados obedientes, y que el Padre, al mirar nuestra fidelidad, nos envíe a Su amado Hijo para recibir la vida eterna. -Adaptado de Jean Nicolas Grou. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Padre celestial, muchas veces he juzgado como pequeñas las cosas que has puesto delante de mí. Perdóname por no reconocer que todo lo que viene de Ti es precioso. Enséñame a escuchar Tu voz y a no despreciar ninguna tarea que Tú me confíes.
Dame un corazón valiente, dispuesto a obedecerte en todo, incluso en lo que parece simple u oculto a los ojos de los demás. Que aprenda a valorar cada uno de Tus mandamientos como una instrucción directa del cielo. No permitas que mida Tu voluntad por mi lógica limitada.
Quiero vivir en fidelidad constante. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es una llama que ilumina los pasos del justo, incluso en los caminos más estrechos. Tus sublimes mandamientos son semillas eternas plantadas en el suelo fértil de la obediencia. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.