Devocional Diario: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con...

“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma” (Lucas 10:27).

Despierta, hermano, y vuelve tu corazón hacia el Bien Supremo, aquel en quien reside toda bondad y sin el cual nada puede ser verdaderamente bueno. Ninguna criatura, por más bella o generosa que sea, puede satisfacer plenamente los anhelos de nuestra alma, porque ninguna de ellas contiene la plenitud del bien en sí misma. Ellas solo reflejan la bondad divina, como un arroyo que fluye de una fuente inagotable. Pero la fuente no está en el arroyo, sino en Dios. Entonces, ¿por qué buscaríamos alejarnos de la fuente para beber de aguas que solo son un reflejo de ella?

Toda bondad que vemos en el mundo es un eco de lo que Dios es. Él no solo posee bondad: Él es la misma bondad. Si reconocemos esta verdad, ¿cómo podríamos conformarnos con algo inferior? Y, sobre todo, si tanto le necesitamos, ¿cómo podríamos resistirnos a lo que Él nos pide? Sus mandamientos son una invitación a sumergirnos en la fuente de lo que es perfecto y eterno. La obediencia es el camino para acceder a todo lo mejor que hay en Dios.

Cuando elegimos obedecer, nos conectamos con la propia esencia del Creador y de Su Hijo Jesús. Es en la sumisión a Sus mandamientos donde encontramos la verdadera abundancia, porque es allí donde bebemos de la fuente de la vida, de la rectitud y de la paz. Solo aquellos que se sumergen en esa fuente experimentan la plenitud de lo que Dios ha preparado para quienes le aman. -Adaptado de Johann Gerhard. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, es verdad que toda bondad viene de Ti, pues Tú eres la misma esencia del bien, y nada fuera de Ti puede satisfacer plenamente mi alma. ¿Cuántas veces, Señor, busqué en cosas pasajeras aquello que solo puede encontrarse en Ti? Pero quiero aprender a ir directamente a la fuente, a beber de Tu plenitud y a no conformarme con sombras cuando puedo tener la realidad de Tu amor.

Padre mío, hoy te pido que moldees mi corazón para que jamás resista a Tu voluntad. Sé que Tus mandamientos no son una carga, sino una invitación a la vida en abundancia, una puerta abierta a todo lo mejor que hay en Ti. Ayúdame a comprender que la verdadera felicidad no está en seguir mis propios caminos, sino en someterme a Tu perfecta dirección.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo porque nos ofreces no solo migajas, sino un banquete de vida, alegría y paz. Gracias por llamarme a sumergirme en la fuente inagotable de Tu amor, para que experimente la plenitud de lo que has preparado para quienes te obedecen. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es la respuesta para todas mis dudas. Conozco muchas cosas hermosas, pero nada se compara con Tus mandamientos. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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