Devocional Diario: Antes de ser afligido, andaba descarriado, pero ahora...

“Antes de ser afligido, andaba descarriado, pero ahora guardo tu palabra” (Salmos 119:67).

Las pruebas tienen una evaluación sencilla: ¿qué han producido en ti? Si el sufrimiento trajo humildad, mansedumbre y un corazón más quebrantado delante de Dios, entonces ha cumplido un buen propósito. Si las luchas despertaron oración sincera, suspiros profundos y un clamor verdadero para que el Señor se acerque, visite y restaure el alma, entonces no han sido en vano. Cuando el dolor nos lleva a buscar a Dios con más seriedad, ya ha comenzado a dar fruto.

La aflicción elimina falsas coberturas, expone ilusiones espirituales y nos conduce de regreso a lo que es sólido. Dios usa las pruebas para hacernos más sinceros, más espirituales y más conscientes de que solo Él puede sostener el alma. El Padre revela Sus planes a los obedientes, y muchas veces es en el fuego de la adversidad donde aprendemos a obedecer con más verdad, dejando de confiar en nosotros mismos.

Por eso, no desprecies el efecto de las pruebas. Si te han hecho más fiel, más atento a la Palabra y más decidido a obedecer, entonces han hecho bien a tu alma. Dios transforma el dolor en instrumento de purificación, conduciendo al obediente a una fe más firme y a una comunión más profunda con Él — un camino que lleva al verdadero consuelo y a la vida que permanece. Adaptado de J.C. Philpot. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Padre amado, ayúdame a discernir lo que Tú estás obrando en mí por medio de las pruebas. Que no endurezca mi corazón, sino que permita que ellas me hagan más humilde y sincero delante de Ti.

Dios mío, enséñame a obedecer aun cuando el camino pase por el dolor. Que las aflicciones me acerquen a Tu Palabra y fortalezcan mi decisión de honrarte en todo.

Oh, Señor amado, te agradezco porque usas incluso las luchas para el bien de mi alma. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el fundamento que permanece cuando todo es sacudido. Tus mandamientos son el camino seguro que me hace más firme, más puro y más cercano a Ti. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



Compartir