Devocional Diario: "Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que...

"Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo" (Lucas 14:33).

Jesús fue más que claro: quien desea ser salvo necesita negarse a sí mismo. Esto significa rechazar la propia voluntad y someterse por completo a la voluntad de Dios. La persona ya no busca agradarse a sí misma, ni exaltarse, sino que se ve como la más necesitada de la misericordia del Creador. Es un llamado a abandonar el orgullo y desapegarse de todo —por amor a Cristo.

Negarse también implica renunciar a los encantos de este mundo: sus apariencias, sus deseos, sus promesas vacías. La sabiduría humana y los dones naturales, por más admirables que parezcan, no deben ser la base de la confianza. El verdadero siervo aprende a depender solamente de Dios, rechazando toda forma de confianza en la carne o en las criaturas.

Esta transformación solo es posible cuando hay obediencia a la poderosa Ley de Dios y un apego sincero a Sus santos mandamientos. Es en este camino de entrega y sumisión que el alma aprende a rechazar el orgullo, la codicia, los deseos carnales y todas las inclinaciones del viejo hombre. Vivir para Dios es morir a uno mismo, y solo quien muere para el mundo puede heredar lo que es eterno. -Adaptado de Johann Arndt. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Señor mi Dios, te agradezco por llamarme a una vida de entrega total. Tú sabes cuán débil es mi voluntad e inclinada al error, y aun así me invitas a vivir para Ti.

Ayúdame a negarme a mí mismo cada día. Que no busque mis propios intereses, ni confíe en mis dones, ni desee las vanidades de este mundo. Enséñame a renunciar a lo que soy y a lo que tengo, por amor a Tu Hijo, y a obedecer de todo corazón Tu poderosa Ley y Tus santos mandamientos.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo porque me ofreces una nueva vida, lejos de la esclavitud de mi ego y cerca de Tu corazón. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el camino estrecho que conduce a la verdadera libertad. Tus perfectos mandamientos son como espadas que cortan al viejo hombre y revelan la belleza de la obediencia. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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