Devocional Diario: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán...

“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).

El cielo no es solo un destino lejano: es el lugar donde la presencia de Dios será plenamente percibida, en toda Su hermosura y majestad. Aquí en la tierra, experimentamos destellos de esa gloria, pero allí, se manifestará sin limitaciones. La promesa de un día estar delante del Creador, viéndolo tal como es, no solo nos consuela, sino que también nos eleva. Saber que fuimos creados para presentarnos ante el Rey de reyes, lado a lado con seres celestiales, cambia la forma en que vivimos aquí.

Y es por eso que necesitamos vivir desde ahora con el corazón alineado a los hermosos mandamientos del Señor. La obediencia a lo que Dios ha revelado no solo nos convierte en mejores personas, sino que nos prepara para ese glorioso día de audiencia eterna. El cielo no es para los curiosos, sino para los obedientes. Aquellos que buscan al Padre con sinceridad, caminando en los caminos que Él mismo ha establecido, serán elevados del polvo de este mundo para contemplar la gloria del Altísimo.

El Padre bendice y envía a los obedientes al Hijo para perdón y salvación. Que tu vida hoy sea una preparación consciente para ese encuentro eterno. Vive como alguien que ha sido llamado a presentarse ante el trono: con humildad, reverencia y fidelidad. -Adaptado de H. Melvill. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: ¡Señor Altísimo, cuán grande es la promesa de un día estar delante de Ti! Aunque no comprenda cómo será, mi corazón se llena de esperanza al saber que veré Tu gloria plenamente revelada.

Enséñame a vivir como quien Te espera. Que cada decisión que tome aquí en la tierra refleje el deseo de estar Contigo. Que mi obediencia hoy sea la señal de la esperanza que tengo en el mañana.

Oh, mi amado Dios, te agradezco por llamarme a este destino glorioso. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el camino que me prepara para el encuentro con Tu rostro. Tus mandamientos son los peldaños que me conducen a la eternidad contigo. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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