"Clama al Señor, mientras Él está cerca" (Isaías 55:6).
Muchos cristianos pasan por momentos en los que el trono de la misericordia parece cubierto por nubes. Dios parece oculto, distante, silencioso. La verdad se vuelve turbia, y el corazón no logra ver con claridad el camino ni sentir seguridad en sus propios pasos. Cuando mira dentro de sí, encuentra tan pocas señales de amor y tantas marcas de debilidad y corrupción que su espíritu se abate. Percibe más motivos en su contra que a su favor, y eso le lleva a temer que Dios se haya alejado completamente.
Es precisamente en esta confusión del alma donde la necesidad de obedecer los magníficos mandamientos del Señor se hace evidente. El camino no se pierde para quien camina sobre la firmeza de la Ley de Dios; son los desobedientes quienes tropiezan en sus propias sombras. Jesús enseñó que solo los obedientes son enviados por el Padre al Hijo — y es en ese envío donde la luz regresa, la mente se aclara y el alma encuentra dirección. Quien mantiene el corazón rendido a las órdenes divinas percibe que la obediencia aleja las nubes y abre nuevamente la senda de la vida.
Por eso, cuando el cielo parezca cerrado, vuelve con aún más firmeza a la obediencia. No permitas que las sensaciones gobiernen tu fe. El Padre observa a quienes honran Sus mandamientos, y es Él quien reconduce el alma al camino correcto. La obediencia siempre será el puente entre la confusión y la paz, entre la duda y el envío al Hijo. Adaptado de J.C. Philpot. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Señor amado, ayúdame a no perderme en los sentimientos confusos que a veces rodean el alma. Enséñame a mirarte incluso cuando el cielo parece cerrado.
Dios mío, fortalece mi corazón para que permanezca fiel a Tus mandamientos, aun cuando mis emociones digan lo contrario. Que Tu Palabra sea la base segura sobre la que camino.
Oh, Señor amado, te agradezco por recordarme que la luz siempre vuelve para quien elige obedecerte. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es claridad que disipa toda sombra. Tus mandamientos son el camino firme donde mi alma encuentra paz. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.
























