Devocional Diario: Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, y renueva en mí...

“Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, y renueva en mí un espíritu recto” (Salmos 51:10)

Quien desea andar verdaderamente con Dios no se conforma con una salvación del pasado ni con una promesa futura — desea ser salvo hoy, y también mañana. ¿Y salvo de qué? De aquello que aún habita en nosotros y que se opone a la voluntad del Señor. Sí, incluso el corazón más sincero todavía lleva en su naturaleza inclinaciones contrarias a la Palabra de Dios. Y es por eso que el alma que ama al Padre clama por una salvación continua — una liberación diaria del poder y la presencia del pecado.

Es en este clamor que la obediencia a los santos mandamientos del Señor se vuelve no solo necesaria, sino vital. La gracia del Padre se manifiesta mientras elegimos, momento a momento, andar en fidelidad a Su Palabra. No basta con saber lo que es correcto — es necesario practicarlo, resistir, rechazar el pecado que insiste en acompañarnos. Esta entrega diaria moldea el corazón y lo fortalece para vivir según la voluntad del Altísimo.

El Padre bendice y envía a los obedientes al Hijo para perdón y salvación. Y es en este proceso de purificación constante que experimentamos la verdadera vida con Dios. Clama hoy por esa salvación diaria — y camina, con humildad y firmeza, en los caminos del Señor. -Adaptado de J.C. Philpot. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Señor Dios, reconozco que, aun habiéndote conocido, todavía necesito ser salvo cada día. Hay en mí deseos, pensamientos y actitudes que no te agradan, y sé que no puedo vencerlos sin tu ayuda.

Ayúdame a odiar el pecado, a huir del mal y a elegir tu camino en cada detalle de mi día. Dame fuerzas para obedecer, incluso cuando mi corazón vacile, y purifícame con tu presencia constante.

Oh, mi amado Dios, te agradezco porque no solo me salvaste en el pasado, sino que sigues salvándome en el presente. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es como una fuente que lava y renueva mi interior. Tus mandamientos son faros que alejan la oscuridad del pecado. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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