Devocional Diario: Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; cuando...

“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán; cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” (Isaías 43:2).

Dios no te pondría frente a aguas profundas o fuego intenso si Él no supiera que puedes manejarlo, sin que sea demasiado para tus pies o para tu fuerza interior. Así es la vida bendecida: sin ansiedad por lo que viene más adelante, sin preocupación excesiva por el próximo paso, sin prisa para decidir el rumbo ni cargando el peso del mañana. En cambio, es seguir tranquilamente al Pastor, un paso a la vez, confiando en que Él conoce el camino correcto para ti.

Esa plena confianza nos lleva a comprender que necesitamos someternos a los mandamientos brillantes del Creador. Satanás tiene solo un objetivo aquí: hacer que las personas desobedezcan a Dios, pero cualquiera puede cumplir los mandamientos si realmente desea agradar al Señor. Dios nunca exige algo más allá de lo que Sus hijos pueden ofrecer, haciendo que la obediencia sea algo accesible y transformador.

Por lo tanto, decide ahora confiar en el Pastor y obedecer Sus directrices, permitiendo que el Padre te bendiga y te conduzca al Hijo para una vida de verdadera redención. Esta elección diaria transforma los desafíos en victorias personales y te posiciona para recibir bendiciones que fluyen naturalmente. Sigue un paso a la vez, y verás cómo Dios se encarga del resto. Adaptado de Lettie B. Cowman. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Padre celestial, ilumina mi entendimiento para que vea las pruebas como algo que Tú permites porque sabes que puedo soportarlo, sin temor al fuego ni a las aguas. Ayúdame a vivir sin ansiedad por el futuro, enfocándome solo en el paso actual. Que aprenda a seguir Tu ritmo con paz en el corazón.

Señor mío, infunde en mí valor para no cuestionar Tus caminos, sino aceptar cada desafío como parte de Tu cuidado amoroso. Guía mi mente para que evite preocupaciones innecesarias y me concentre en seguirte fielmente. Fortalece mi alma para obedecer con sencillez y confianza.

Oh, amado Señor, te agradezco por guiarme por caminos que prueban pero no destruyen, demostrando Tu certeza en mi fortaleza. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el río sereno que refresca mi jornada diaria. Tus mandamientos son la llama protectora que ilumina sin quemar. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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