“Él dijo a su pueblo: Este es el lugar de descanso; que los exhaustos reposen aquí. Este es el lugar de consuelo, pero ellos no quisieron escuchar” (Isaías 28:12).
Te ruego, no des lugar al desánimo. Esta es una tentación peligrosa: una trampa sutil, no evidente, del adversario. La melancolía oprime y reseca el corazón, haciéndolo incapaz de recibir las impresiones de la bondad de Dios. Exagera las dificultades y pinta las circunstancias con colores irreales, haciendo que las cargas parezcan más pesadas de lo que realmente son. El desánimo es un obstáculo para la fe, y necesitamos combatirlo con la verdad de la presencia constante de Dios en nuestras vidas.
Los planes de Dios para ti y los métodos que Él utiliza para realizarlos son infinitamente sabios. Nada sucede fuera de Su perfecta soberanía. Él nos llama a postrarnos a Sus pies en plena rendición, confiando en Su voluntad y caminando en obediencia a Sus mandamientos, que están llenos de bendiciones para nuestras vidas. Cuando entregamos nuestro corazón y nuestras preocupaciones a Él, encontramos la fuerza y la paz para seguir adelante.
Confía en que Dios sabe lo que es mejor, incluso cuando el camino parece difícil o incierto. Aleja la melancolía recordando que el Señor está obrando en cada detalle de tu vida para tu bien. La obediencia fiel y la entrega total abren espacio para que Su bondad sea derramada en tu vida, trayendo alegría y fuerza que superan cualquier peso o preocupación. -Adaptado de Mme Guyon. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, ayúdame a resistir el desánimo que intenta instalarse en mi corazón. Sé que distorsiona mi visión, aumentando las cargas y oscureciendo Tu bondad. Enséñame a confiar en Tu presencia constante, recordando que nada sucede fuera de Tu perfecto control. Que mi fe sea renovada cada día, para que pueda caminar en obediencia y confianza, incluso cuando el camino parece difícil.
Padre mío, hoy te pido que alejes toda melancolía y me concedas la paz que viene de saber que estás al mando. Que me rinda completamente a Tu voluntad, confiando en que todos Tus planes son buenos y sabios. Fortaléceme para que no lleve solo las cargas que te pertenecen a Ti, sino que las entregue a Tus pies, encontrando en Ti fuerza y alegría para seguir adelante.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por ser el sustentador de mi vida. Gracias por obrar en cada detalle para mi bien y por derramar Tu bondad sobre mí. Que mi alma permanezca anclada en Tu fidelidad, viviendo con la certeza de que, al confiar en Ti, puedo superar cualquier dificultad con paz y valentía. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es mi apoyo cada día. Tus hermosos mandamientos son más dulces que la miel. Amo todos ellos. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.
























