Devocional Diario: El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador...

“El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador; mi Dios, mi fortaleza, en quien confío; mi escudo, la fuerza de mi salvación, mi alto refugio” (Salmos 18:2).

Aquellos que verdaderamente caminan con Dios saben, por experiencia, que la salvación no es solo un evento pasado. Es una realidad diaria, una necesidad constante. Quien conoce, aunque sea en parte, la debilidad de su propio corazón, la fuerza de las tentaciones y la astucia del enemigo, sabe que sin la ayuda continua del Señor, no hay manera de vencer. La lucha entre la carne y el espíritu no es una señal de fracaso, sino una marca de los que pertenecen a la familia celestial.

Es en este combate diario que los sublimes mandamientos de Dios se revelan como instrumentos de vida. Ellos no solo señalan el camino — fortalecen el alma. La obediencia no es una prueba aislada, sino un ejercicio continuo de fe, de elección, de dependencia. Cristo resucitado no solo murió por nosotros; Él vive para sostenernos ahora, momento a momento, mientras caminamos por este mundo lleno de peligros.

El Padre solo revela Sus planes a los obedientes. Y la salvación que Él ofrece, cada día, está disponible para aquellos que eligen seguir con fidelidad, incluso en medio de la batalla. Que hoy reconozcas tu necesidad y busques, en obediencia, esa salvación viva y presente. -Adaptado de J.C. Philpot. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Señor mío, te alabo porque me muestras que la salvación no es solo algo que recibí en el pasado, sino algo que necesito hoy — aquí, ahora. Cada mañana descubro cuánto dependo de Ti para permanecer firme.

Ayúdame a reconocer mi debilidad sin desesperación, y a volverme siempre hacia Tu socorro. Que Tu presencia me sostenga en medio del conflicto y que la obediencia a Tu Palabra me guíe con seguridad.

Oh, Dios amado, te agradezco por ofrecerme una salvación viva, presente y poderosa. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el escudo que me protege en las batallas diarias. Tus mandamientos son corrientes de vida que me mantienen unido a la victoria. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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