"El Señor guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre" (Salmos 121:8).
La caminata del siervo fiel no es fácil, ni cómoda. Muchas veces, el camino parece árido, lleno de trampas invisibles, inseguridades y momentos en los que el corazón vacila. Aun así, el Señor no nos abandona en medio del trayecto. Él nos sostiene con cuidado constante, como un Padre atento que percibe cada tropiezo antes incluso de que ocurra la caída.
Es en ese cuidado diario que entendemos el valor de los sublimes mandamientos del Creador. Dios solo revela Sus planes y concede dirección a aquellos que eligen obedecer. El Padre bendice y envía a los obedientes al Hijo para perdón y salvación, pues la obediencia no es opcional, es el camino de la preservación.
Por eso, hoy somos llamados a decidir andar con atención y fidelidad. No es la fuerza humana la que nos mantiene en pie, sino la elección diaria de obedecer lo que Dios ha ordenado. Cuando seguimos los extraordinarios mandamientos del Señor, somos guardados, sostenidos y guiados con seguridad. Así, somos bendecidos y preparados para ser enviados a Jesús. Adaptado de J.C. Philpot. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Señor, reconozco que muchas veces me siento débil e inseguro en el camino que estoy recorriendo. Aun así, confío en que Tú ves cada paso y conoces cada peligro a mi alrededor. Sosténme cuando no vea salida y fortalece mi corazón.
Dame fuerza para obedecer incluso cuando el camino parece difícil. Guía mis decisiones, afirma mis pies y no permitas que me desvíe de Tu voluntad. Que mi vida refleje fidelidad constante, incluso en los días más áridos.
Oh, Señor amado, Te agradezco por cuidar de mí en cada etapa del camino. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es como brazos eternos que me sostienen cuando estoy a punto de caer. Tus mandamientos son rieles seguros que conducen mi alma en medio del desierto. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.
























