Devocional Diario: Entonces dijo Eliseo: Ve y pide prestadas vasijas a...

“Entonces dijo Eliseo: Ve y pide prestadas vasijas a todos tus vecinos. Luego entra en casa con tus hijos y cierra la puerta” (2 Reyes 4:3-4).

La instrucción del Señor para la viuda era clara: el milagro sucedería en el secreto de la obediencia, lejos de los ojos incrédulos, lejos de la lógica humana. La viuda y sus hijos necesitaban estar a solas con Dios, sin la interferencia de las circunstancias, de las dudas o de las opiniones ajenas. Lo que estaba a punto de suceder no vendría de las leyes naturales, ni de la fuerza del hombre, sino únicamente del poder divino. Para que el milagro ocurriera, la viuda debía obedecer sin vacilar.

Esta historia ilustra una verdad fundamental: Dios nos ha dado varias órdenes en las Escrituras. Si queremos recibir Sus bendiciones, debemos obedecer sin cuestionar, sin buscar atajos ni soluciones propias, sin intentar agradarle de formas alternativas que ignoren Su Ley santa y poderosa. Dios siempre actúa de acuerdo con los principios que ha establecido, y Él no cambia. La obediencia es el camino para ver Su poder manifestarse en nuestras vidas. Así como la viuda no vio el milagro antes de seguir las instrucciones, tampoco veremos la obra de Dios si no estamos dispuestos a obedecer primero.

La verdadera fe se manifiesta cuando dejamos de lado nuestra propia lógica y nos rendimos a la obediencia. Cuando seguimos las órdenes de Dios, por fe, sin esperar pruebas visibles, los milagros suceden. Somos sanados, suplidos, bendecidos y guiados a la vida eterna en Cristo Jesús. La viuda tuvo que cerrar la puerta y confiar. Y cuando hacemos esto, descubrimos que Él siempre honra a quienes viven por la fe y la obediencia. -Adaptado de Lettie B. Cowman. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, es verdad que Tus milagros suceden en el secreto de la obediencia, lejos de las dudas y de la lógica humana. Así como la viuda necesitó cerrar la puerta y confiar, quiero aprender a apartarme de las voces incrédulas y ponerme enteramente en Tus manos. Sé que Tu poder no depende de las circunstancias y que la obediencia es el camino para ver Tus maravillas.

Padre mío, hoy te pido que fortalezcas mi fe para que no dependa de señales visibles, sino que obedezca con un corazón sincero. Ayúdame a cerrar la puerta a la duda, al miedo y a las falsas seguridades de este mundo, y a abrir mi vida completamente a Tu voluntad. Sé que Tú actúas de acuerdo con Tus principios inmutables y que Tu fidelidad nunca falla. Que mi confianza esté en Ti y no en mi propio entendimiento, pues es en la obediencia donde encuentro Tu obrar.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo porque siempre honras a quienes viven por la fe y la obediencia. Gracias porque Tu Palabra es firme y Tu promesa es segura para los que te siguen sin reservas. Sé que, cuando obedezco, veo Tu poder manifestarse y encuentro la plenitud de las bendiciones que has reservado para quienes te aman. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley me protege de las trampas del enemigo. No puedo imaginar un día sin Tus mandamientos en mi corazón. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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