Devocional Diario: Entrega tu camino al Señor; confía en Él, y Él hará lo demás...

“Entrega tu camino al Señor; confía en Él, y Él hará lo demás” (Salmos 37:5).

¿Hacemos de Dios algo realmente grande en nuestra vida? ¿Ocupa Él un lugar vivo y presente en nuestra experiencia diaria, o solo en momentos espirituales aislados? Muchas veces seguimos planeando, decidiendo y ejecutando todo sin siquiera consultar al Señor. Hablamos con Él sobre el alma y sobre asuntos espirituales, pero dejamos de incluirlo en el trabajo cotidiano, en las dificultades prácticas, en las decisiones simples de la semana. Así, sin darnos cuenta, terminamos viviendo partes enteras de la vida como si Dios estuviera distante.

Por eso necesitamos aprender a vivir en constante dependencia de la magnífica Ley de Dios y de Sus brillantes mandamientos. El Señor nunca quiso ser consultado solo en momentos solemnes, sino en todo el caminar. Dios revela Sus planes a los obedientes, a aquellos que lo incluyen en cada detalle de la vida. Cuando conectamos nuestra pequeña vida a la Suya, pasamos a vivir con dirección, claridad y fuerza. La obediencia nos mantiene conectados a la fuente, y es el Padre quien envía al Hijo a aquellos que caminan así.

Por lo tanto, no excluyas a Dios de ninguna área de tu vida. Tráelo al trabajo, a las decisiones, a los desafíos y a los días comunes. Quien vive conectado al Señor encuentra ayuda en todo momento y aprende a sacar de la plenitud divina todo lo que necesita para seguir adelante con seguridad. Adaptado de J. R. Miller. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Padre amado, ayúdame a no limitarte a momentos específicos de mi vida. Enséñame a caminar contigo en cada decisión, en cada tarea y en cada desafío diario.

Dios mío, quiero depender de Ti no solo en las grandes crisis, sino también en las elecciones simples y en los días comunes. Que mi vida esté siempre abierta a Tu dirección.

Oh, Señor amado, te agradezco por desear participar en todo mi caminar. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el vínculo vivo entre mi corazón y el Tuyo. Tus mandamientos son la fuente de la que quiero beber en todo momento. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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