“Hijos míos, ¡no sean más negligentes con sus deberes para con el Señor!” (2 Crónicas 29:11).
Muchas cosas que parecen insignificantes pueden debilitar profundamente nuestra alma e impedir nuestro progreso en el camino de la virtud y la gloria. El hábito de ceder a pequeños placeres que nuestra conciencia no aprueba completamente crece con cada acto de autosatisfacción. Estos pequeños desvíos pueden llevarnos, poco a poco, a un exceso de indulgencia que debilita nuestra capacidad de luchar en las batallas espirituales. Lo que hoy parece trivial puede convertirse en un peso enorme mañana.
Es en la atención a las cosas aparentemente simples donde demostramos nuestra disposición de vivir en plena obediencia a Él. Cada elección cuenta en el camino que recorremos hacia el cielo. Para ello, tenemos la Palabra de Dios como guía. Sus leyes claras y justas nos muestran el camino a seguir y nos ayudan a evitar los desvíos que nos alejan del propósito eterno. No podemos darnos el lujo de ignorar las orientaciones divinas, ni siquiera en las circunstancias más pequeñas. La fidelidad en cada detalle es lo que nos mantiene firmes en la jornada espiritual y nos prepara para recibir las bendiciones de Dios en plenitud. -Adaptado de Margaret Woods. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, ayúdame a reconocer la importancia de las pequeñas decisiones que tomo cada día. Enséñame a ser fiel en todos los detalles de mi vida, incluso en aquello que parece insignificante a mis ojos. Que nunca subestime el impacto de estas decisiones en el fortalecimiento de mi alma y en mi caminar Contigo.
Padre mío, hoy te pido sabiduría para discernir entre lo que es correcto y lo que es fácil, especialmente en las pequeñas situaciones que muchas veces pasan desapercibidas. Fortaléceme para resistir los desvíos sutiles que pueden debilitar mi fe y disminuir mi disposición a luchar las batallas espirituales. Que sea vigilante, permitiendo que Tu Palabra sea mi guía constante, ayudándome a recorrer el camino de la rectitud en cada momento.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por ser un Padre que se preocupa por cada detalle de mi vida. Que mi vida sea un reflejo de obediencia y devoción a Ti, en todas las situaciones, grandes o pequeñas, para Tu honra y gloria. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley nunca me deja confundido. Tus hermosos mandamientos no salen de mi mente, pues todos son valiosos para mí. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.
























