Devocional Diario: "Los ojos del Señor están sobre los justos, y Sus oídos atentos a su...

"Los ojos del Señor están sobre los justos, y Sus oídos atentos a su clamor" (Salmos 34:15).

Dios está buscando hombres y mujeres que puedan llevar, con firmeza, el peso de Su amor, de Su fuerza y de Sus promesas fieles. Cuando Él encuentra un corazón verdaderamente confiable, no hay límites para lo que puede realizar a través de esa vida. El problema es que, muchas veces, nuestra fe aún es frágil — como una cuerda fina intentando soportar un peso inmenso. Por eso, el Señor nos entrena, nos disciplina y nos fortalece día tras día, preparándonos para vivir todo aquello que Él desea entregarnos.

Ese proceso de fortalecimiento ocurre mediante la obediencia a la deslumbrante Ley de Dios. Cuando elegimos confiar en los maravillosos mandamientos del Altísimo, Él nos vuelve estables, inquebrantables, preparados para recibir grandes responsabilidades espirituales. La Ley entregada a los profetas del Antiguo Testamento y a Jesús es el fundamento sobre el cual el Padre moldea siervos fuertes, fieles y útiles. Quien aprende a obedecer en los detalles, se vuelve apto para grandes tareas.

Permite que Dios te entrene a través de la obediencia. El Padre bendice y envía a los obedientes al Hijo para perdón y salvación. Que tu fe sea cada vez más firme, sostenida por la espléndida Ley del Señor. Obedecer nos trae bendiciones, liberación y salvación — y nos convierte en vasos listos para contener todo lo que Dios desea derramar. -Adaptado de A. B. Simpson. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Padre querido, fortalece mi fe para que yo soporte todo lo que deseas confiarme. Que no vacile cuando me pruebes, sino que permanezca firme como siervo aprobado.

Enséñame a confiar en Tus extraordinarios mandamientos. Que en cada paso de obediencia, sea entrenado y moldeado por Ti, volviéndome estable y fiel en todas las cosas.

Oh, mi Dios, Te agradezco porque me estás preparando para recibir aquello que mis ojos aún no han visto. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es como una columna de fuerza que me sostiene ante las presiones de la vida. Tus mandamientos son como raíces profundas que me impiden caer. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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