Devocional Diario: "Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas"...

"Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas" (Isaías 40:31).

Hay una gran diferencia entre vivir preocupado por pruebas futuras y estar preparado para enfrentarlas, si llegan. La preocupación debilita; la preparación fortalece. Quien atraviesa la vida con victoria es aquel que se disciplina, que se prepara para los momentos difíciles, para las subidas empinadas y para las luchas más duras. En el ámbito espiritual, esto también es verdad: no vence quien solo reacciona a las crisis, sino quien construye, día tras día, una reserva interior que sostiene el alma cuando llega la prueba.

Esa reserva se forma cuando elegimos vivir según la magnífica Ley de Dios y Sus preciosos mandamientos. La obediencia diaria crea una fuerza silenciosa, firme y profunda. Dios revela Sus planes a los obedientes, y son estos los que permanecen firmes en el día malo. Así como los profetas, los apóstoles y los discípulos, quien camina en fidelidad aprende a vivir preparado — con aceite de sobra, con la lámpara lista, con el corazón alineado a la voluntad del Padre.

Por eso, no vivas ansioso por el mañana. Vive obediente hoy. Quien se alimenta diariamente de la verdad de Dios no entra en pánico cuando la copa se vacía, porque sabe dónde recargar. El Padre ve esa fidelidad constante y envía el alma preparada al Hijo para encontrar seguridad, perdón y vida. Adaptado de J. R. Miller. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Padre amado, enséñame a vivir preparado, no ansioso. Que aprenda a fortalecer mi alma antes de que lleguen los días difíciles.

Dios mío, ayúdame a cultivar fidelidad diaria, para que mi fe no dependa de las circunstancias. Que tenga reservas espirituales formadas por la obediencia constante a Tus mandamientos.

Oh, Señor amado, te agradezco por enseñarme a prepararme en silencio delante de Ti. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el depósito seguro donde mi alma encuentra fuerza. Tus mandamientos son el aceite que mantiene mi lámpara encendida. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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