"Los rectos verán Tu rostro" (Salmos 11:7).
A veces esperamos grandes momentos para demostrar nuestra fe, como si solo las pruebas intensas tuvieran valor delante de Dios. Pero las pequeñas situaciones del día a día —decisiones simples, gestos discretos— también son preciosas para nuestro crecimiento en santidad. Cada elección hecha con temor al Señor revela cuánto deseamos agradarle. Y es en el cuidado de los detalles donde mostramos nuestra verdadera devoción.
Esa atención a las actitudes diarias revela nuestro compromiso con la poderosa Ley de Dios. Cuando vivimos con sencillez y dependencia del Padre, nuestro corazón se vuelve naturalmente hacia Sus increíbles mandamientos. Ellos iluminan los caminos más comunes de la vida. A medida que dejamos el orgullo y la autoconfianza, los obstáculos pierden fuerza y la paz del Señor ocupa el lugar de la inquietud.
Sé fiel al Señor en cada detalle, y verás frutos de paz brotar en tu alma. El Padre bendice y envía a los obedientes al Hijo para perdón y salvación. Él se alegra con los que siguen la Ley entregada a los profetas del Antiguo Testamento y a Jesús. Que tu compromiso con los mandamientos del Altísimo sea firme, pues obedecer nos trae bendiciones, liberación y salvación. -Adaptado de Jean Nicolas Grou. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Padre amoroso, ayúdame a reconocer el valor de las pequeñas actitudes que tomo cada día. Que mi corazón permanezca atento a Tu voluntad, incluso en las situaciones más simples.
Fortaléceme para que crezca en dependencia de Ti. Que Tu Espíritu me guíe a vivir conforme a Tus espléndidos mandamientos, dejando de lado mi propia voluntad.
Oh, Señor amado, te agradezco por enseñarme que hasta los detalles del día a día tienen valor delante de Ti. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es como un sendero luminoso entre las espinas de este mundo. Tus mandamientos son como joyas preciosas que me guían en la oscuridad. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.