Devocional Diario: No por fuerza ni por poder, sino por mi Espíritu...

“No por fuerza ni por poder, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los Ejércitos” (Zacarías 4:6).

Cuando Dios Todopoderoso se unió a la vara de Moisés, ese simple instrumento pasó a valer más que todos los ejércitos de la tierra. No había nada extraordinario en el hombre ni en el objeto en sí; el poder estaba en el Dios que decidió actuar a través de ellos. Las plagas vinieron, las aguas se transformaron, los cielos respondieron — no porque Moisés fuera grande, sino porque Dios estaba con él. Mientras el Señor permanecía a su lado, el fracaso no era una posibilidad.

Esta verdad permanece viva cuando entendemos el papel de la magnífica Ley de Dios y de Sus grandiosos mandamientos. El poder nunca estuvo en los medios humanos, sino en la obediencia que mantiene al siervo alineado con el Creador. Dios revela Sus planes a los obedientes, y es en esa fidelidad que Él manifiesta Su fuerza. Así como Moisés caminó sostenido por la presencia divina, todo aquel que elige obedecer encuentra respaldo, dirección y autoridad que no provienen de sí mismo.

Por eso, no confíes en tu fuerza, ni temas tu debilidad. Busca andar en obediencia, pues es ahí donde Dios se manifiesta. Cuando el Padre ve un corazón fiel, Él actúa, sostiene y conduce esa vida al Hijo. Donde Dios está presente, ningún obstáculo es mayor que Su voluntad. Adaptado de D. L. Moody. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Padre amado, reconozco que nada soy sin Tu presencia. Enséñame a no confiar en instrumentos humanos, sino a depender enteramente de Ti.

Dios mío, ayúdame a permanecer fiel a Tus mandamientos, sabiendo que es en la obediencia donde Tu poder se manifiesta. Que mi vida esté siempre alineada con Tu voluntad.

Oh, Señor amado, te agradezco por mostrarme que la fuerza viene de Ti y no de mí. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el canal por el cual Tu poder se revela en mi vida. Tus mandamientos son el camino seguro donde Tu presencia me acompaña. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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