Devocional Diario: ¿No te lo he ordenado yo? Sé fuerte y valiente; no temas, ni...

“¿No te lo he ordenado yo? Sé fuerte y valiente; no temas ni te asustes, porque el Señor, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas” (Josué 1:9).

Nada es pequeño ni grande a los ojos de Dios. Lo que importa no es nuestra percepción de importancia, sino aquello que Dios desea. Si Él nos pide algo, por más insignificante que parezca, eso debe volverse grandioso para nosotros, pues es la voluntad del Creador. De la misma manera, todo lo que Él no desea que hagamos, por más valioso que parezca a nuestros ojos, debe volverse sin valor para nosotros. La obediencia a la Ley de Dios debe estar por encima de cualquier otra cosa en nuestra vida. No nos corresponde juzgar o medir la importancia de un mandamiento, sino simplemente obedecer, confiando en que Dios sabe mejor que nosotros.

Ahora bien, ¿te has detenido a reflexionar sobre lo que puedes perder al descuidar este deber? ¿Comprendes las bendiciones reservadas para quienes cumplen fielmente la voluntad de Dios? Muchos viven sin darse cuenta de que la falta de obediencia les priva de la vida que Dios desea concederles. Pero hay una certeza: si das lo mejor de ti en aquello que Dios exige cada día, Él proveerá todo lo necesario cuando surjan desafíos mayores. La fidelidad en las cosas pequeñas nos prepara para las grandes, y la obediencia diaria fortalece nuestra alma para cualquier prueba que podamos enfrentar en el futuro.

Por eso, entrégate a Él sin reservas, confía en Su cuidado, fija tus ojos en Él y escucha Su voz. Cuando seguimos a Dios con un corazón sincero, Él nos guía con seguridad y nos fortalece a lo largo del camino. No dudes, no temas. Sigue adelante con valentía y alegría, pues aquel que obedece al Señor nunca será dejado sin dirección, sin fuerza ni sin recompensa. -Adaptado de Jean Nicolas Grou. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, es verdad que nada es pequeño ni grande a Tus ojos, pues lo que realmente importa es Tu voluntad. Sé que mi percepción no puede definir el valor de un mandamiento, y que me corresponde obedecer sin cuestionar, confiando en que Tú sabes mejor que yo. Enséñame a tratar con seriedad todo lo que pides y a rechazar todo lo que no está de acuerdo con Tu Ley, para que mi vida esté plenamente alineada con Tu voluntad.

Padre mío, hoy te pido que me des un corazón fiel, capaz de ver las bendiciones que acompañan la obediencia. Sé que muchas veces las personas viven sin darse cuenta de lo que pierden al no seguirte con integridad. No quiero ser así. Quiero vivir cada día honrándote, sabiendo que la fidelidad en las cosas pequeñas me prepara para enfrentar desafíos mayores. Ayúdame a confiar en que, al hacer lo que me corresponde hoy, Tú proveerás todo lo necesario para mi mañana.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo porque Tú guías con seguridad a quienes te obedecen de corazón sincero. Que mi entrega sea completa, sin reservas, y que pueda caminar con valentía y alegría, sabiendo que Tú vas delante, guiándome hacia la vida feliz que has preparado para tus fieles. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es mi faro fiel, que siempre ilumina mi camino. Tus mandamientos son como semillas plantadas en mi corazón, que florecen en alegrías constantes. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



Compartir