“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá la puerta” (Mateo 7:7).
El Señor, en Su bondad, abre delante de nosotros puertas y oportunidades — e incluso en las cosas terrenales, Él nos invita a pedir: “Pide lo que quieras que Yo te dé.” Pero pedir no es un acto vacío. La oración verdadera brota de un corazón sincero, dispuesto a moverse hacia aquello que ha pedido. Dios no recompensa la pereza, ni derrama bendiciones sobre deseos superficiales. Aquellos que piden de verdad demuestran esa sinceridad con acción, perseverancia y compromiso con los medios que el propio Dios ha establecido.
Es precisamente en este punto donde la obediencia a la magnífica Ley del Señor se vuelve esencial. Los mandamientos no son obstáculos para la realización de nuestras peticiones, sino los caminos seguros por los cuales Él nos conduce a aquello que desea darnos. La oración acompañada de esfuerzo y fidelidad tiene gran valor ante el Padre. Y cuando pedimos y caminamos según Su voluntad, podemos estar seguros de que el resultado será bendición.
El Padre bendice y envía a los obedientes al Hijo para perdón y salvación. Si has estado clamando por algo, examina si has andado por los caminos correctos. Dios honra la fe que se traduce en actitudes, y la oración sincera, cuando se une a la obediencia, transforma destinos. -Adaptado de F. W. Farrar. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Padre amado, ayúdame a buscar con sinceridad todo lo que necesito. Que mis palabras delante de Ti no sean vacías ni apresuradas, sino que broten de un corazón que Te honra en verdad.
Dame disposición para actuar conforme a Tu voluntad y para seguir los pasos que Tú mismo has preparado. Enséñame a valorar Tus caminos y a permanecer firme en ellos, mientras espero la respuesta a mis oraciones.
Oh, mi Dios fiel, Te agradezco por enseñarme que la oración verdadera camina junto con la obediencia. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el mapa que me orienta en todas las decisiones. Tus mandamientos son como senderos de luz que me guían hacia Tus promesas. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.