“Por la fe, Abraham, siendo llamado, obedeció, y salió hacia un lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8).
La fe verdadera no exige mapas detallados ni promesas visibles. Cuando Dios llama, el corazón que confía responde con obediencia inmediata, aun sin saber lo que vendrá después. Así fue con Abraham: él no pidió garantías, ni exigió conocer el futuro. Simplemente dio el primer paso, guiado por un impulso noble y fiel, y dejó los resultados en las manos de Dios. Ese es el secreto de caminar con el Señor: obedecer en el presente, sin ansiedad por lo que está por venir.
Y es en ese paso obediente que los magníficos mandamientos del Señor se convierten en nuestra brújula. La fe no se construye en el razonamiento humano, sino en la práctica de la fidelidad a lo que Dios ya ha revelado. No necesitamos entender todo el plan; basta con seguir la luz que Él enciende ahora. Cuando el corazón se somete con sinceridad a la voluntad divina, la dirección y el destino quedan en manos del Padre, y eso es suficiente.
El Padre bendice y envía a los obedientes al Hijo para perdón y salvación. Hoy, la invitación es simple: da el siguiente paso. Confía, obedece y deja el resto en manos de Dios. La fe que agrada al Señor es aquella que actúa con fidelidad, aun cuando todo a nuestro alrededor sigue siendo invisible. -Adaptado de John Jowett. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Señor, ayúdame a confiar en Ti sin necesidad de ver todo el camino. Que mi fe no dependa de respuestas, sino que se fortalezca en la obediencia a lo que Tú me muestras hoy.
Que nunca posponga la fidelidad por querer controlar el mañana. Enséñame a escuchar Tu voz y a andar en Tus caminos con firmeza y paz, aun sin entender el destino.
Oh, amado Padre, te agradezco por llamarme a caminar contigo como lo hiciste con Abraham. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el sendero seguro bajo mis pies. Tus mandamientos son las luces que iluminan cada paso hacia Tu plan. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.