Devocional Diario: Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana, porque...

“Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana, porque el mañana traerá sus propias preocupaciones. A cada día le basta con su propio mal” (Mateo 6:34).

Las preocupaciones cotidianas te alejan de la presencia de Dios. Silencia tus deseos inquietos, pensamientos febriles y ansiedades. En silencio, busca el rostro de tu Padre, y la luz de Su semblante brillará sobre ti. Él abrirá un lugar secreto en tu corazón, y, al entrar allí, lo encontrarás. Todo a tu alrededor comenzará a reflejarlo a Él: todo hablará con Él, y Él responderá a través de todo.

Cuando decides obedecer al Creador sin reservas, reconociendo que eres solo una criatura delante de Él, Dios construye ese espacio de intimidad. En ese lugar, Él te habla, te guía y derrama bendiciones hasta que tu copa rebose. Esto proviene de la obediencia a Su poderosa Ley.

Así que calma hoy el ruido interno. Entrégate totalmente a la Palabra de Dios, y Él creará ese refugio en ti, trayendo paz, dirección y abundantes bendiciones. -Adaptado de E. B. Pusey. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, hoy me veo perdido en el torbellino de las preocupaciones diarias, permitiendo que deseos inquietos, pensamientos febriles y ansiedades me alejen de Tu presencia tan dulce y serena. Confieso que el ruido interno muchas veces me impide buscar Tu rostro en silencio, pero anhelo la luz de Tu semblante que brilla sobre mí, abriendo un lugar secreto en mi corazón donde pueda encontrarte. Te pido que me ayudes a silenciar mi alma, para que todo a mi alrededor refleje Tu gloria y yo escuche Tu voz respondiendo en cada detalle.

Padre mío, hoy te pido que me des un corazón que obedezca sin reservas, reconociendo que solo soy una criatura delante de Ti, para que construyas ese espacio de intimidad en mí. Enséñame a vivir según Tu poderosa Ley, pues sé que es por la obediencia que Tú hablas conmigo, me guías y derramas bendiciones hasta que mi copa rebose. Te pido que me guíes a ese lugar secreto, donde Tu presencia me envuelve y me transforma con Tu amor y dirección.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por prometer paz, dirección y abundantes bendiciones a quienes se entregan totalmente a Tu Palabra, creando en mí un refugio donde Tu voz resuena. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es la llave que abre mi corazón. Tus mandamientos son un susurro que me guía en un camino de felicidad. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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