Devocional Diario: Porque siete veces caerá el justo, y se levantará (Proverbios...

“Porque siete veces caerá el justo, y se levantará” (Proverbios 24:16)

El alma verdaderamente devota no se define por no caer nunca, sino por levantarse con humildad y seguir adelante con fe. Quien ama verdaderamente a Dios no se entrega a la desesperación cuando tropieza; más bien, clama con confianza al Señor, reconociendo Su misericordia y volviendo al camino con alegría renovada. El corazón obediente no se enfoca en el error, sino en el bien que aún puede hacerse, en la voluntad de Dios que aún puede cumplirse.

Y es ese amor sincero por el bien, por los hermosos mandamientos del Señor, lo que guía la jornada del siervo fiel. Él no vive paralizado por el miedo a fallar; prefiere arriesgarse a obedecer imperfectamente que cruzarse de brazos ante la posibilidad de fracasar. La verdadera devoción es activa, valiente y generosa. No busca solo evitar el mal, sino que se esfuerza en practicar el bien con todo el corazón.

El Padre bendice y envía a los obedientes al Hijo para perdón y salvación. Por eso, no temas comenzar de nuevo cuantas veces sea necesario. Dios ve la disposición de quien lo ama y recompensa a aquellos que, aun siendo débiles, siguen intentando agradarle con sinceridad. -Adaptado de Jean Nicolas Grou. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Padre misericordioso, cuántas veces tropiezo en el camino, pero Tu amor me levanta. Gracias por no rechazarme cuando caigo, y por siempre llamarme a comenzar de nuevo con humildad y fe.

Dame valor para seguir sirviéndote, aun sabiendo que soy imperfecto. Que mi corazón esté más dispuesto a obedecer que a temer el fracaso. Enséñame a amar el bien con todas mis fuerzas.

Oh, mi Dios amado, te agradezco por acogerme con ternura cada vez que regreso a Ti. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el camino seguro que me orienta incluso después de la caída. Tus mandamientos son como manos fuertes que me levantan y me animan a seguir adelante. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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